La revelación de que 520 mujeres permanecen desaparecidas en Chihuahua es un golpe directo a la narrativa de control y seguridad que durante años sostuvo el Partido Acción Nacional. La cifra, expuesta por activistas y respaldada por registros oficiales, no es un dato aislado ni una diferencia metodológica: es el reflejo de una crisis humanitaria que el PAN permitió crecer sin enfrentar de fondo. Detrás de cada número hay una familia buscando, una ausencia que no se explica y una autoridad que no responde con la urgencia necesaria.
Norma Ledezma recordó que la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género (FEM) clasifica los casos bajo criterios específicos, mientras que la Fiscalía General del Estado contabiliza todo tipo de desapariciones de mujeres. Esta diferencia técnica, lejos de aclarar, evidencia el desorden institucional. Bajo el PAN, Chihuahua no logró unificar criterios, coordinar bases de datos ni construir una estrategia integral de búsqueda que priorice la vida y la localización inmediata.
El problema no es solo de conteo, es de respuesta. Mientras las cifras se discuten, las búsquedas se retrasan, las primeras horas se pierden y las familias quedan atrapadas en la burocracia. La normalización de la desaparición femenina es una de las fallas más graves del modelo panista: protocolos que no se activan a tiempo, investigaciones fragmentadas y una política que reacciona cuando el daño ya es irreversible.
La magnitud del fenómeno revela además una falta de prevención. La desaparición de mujeres no surge de la nada; está vinculada a contextos de violencia, trata, control territorial y misoginia. El PAN nunca atacó estas causas con seriedad. Prefirió administrar la crisis con comunicados y mesas de trabajo, mientras los números crecían y las búsquedas recaían en colectivos y madres que hacen el trabajo del Estado.
Chihuahua enfrenta hoy una deuda histórica con las mujeres. 520 desaparecidas no es una estadística discutible, es una acusación política. Gobernar implica proteger, buscar y encontrar. Bajo el PAN, esa obligación falló. Mientras no haya coordinación real, inteligencia preventiva y una respuesta inmediata que ponga a las víctimas al centro, la desaparición seguirá siendo una herida abierta que el discurso no puede cerrar.
