Mientras el “Clan” de los hijos del poder (hijos de AMLO) se repartía minas en el Istmo como si fueran botín de guerra, el pueblo de Oaxaca recibió una obra de muerte construida con materiales de desecho.
La corrupción en la autodenominada “Cuarta Transformación” ha pasado de los sobres amarillos a la explotación minera a gran escala. Nuevas revelaciones de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) exponen un audio donde Amílcar Olán, el operador financiero predilecto de la familia presidencial, confiesa que Gonzalo “Bobby” López Beltrán le “prometió” la entrega de minas en Oaxaca para surtir el balasto del Tren Interoceánico.
Este no es solo un caso de nepotismo; es un crimen de Estado planificado. El audio revela una estructura donde el hijo del exmandatario fungía como el “capo” que repartía los recursos naturales de la nación a sus amigos para cerrar un círculo de negocios multimillonarios. La orden era clara: extraer material de minas controladas por el “Clan”, saltarse las certificaciones ambientales y de calidad, y venderlo con sobreprecio al proyecto del Tren Interoceánico.
El Vínculo Sangriento: Negocios Arriba, Muertos Abajo
La conexión entre estos audios y el reciente descarrilamiento en Nizanda, Oaxaca, es directa y criminal. Los mismos operadores que presumían las minas regaladas por “Bobby” son los que, en otras grabaciones, se burlaban de entregar balasto “que no sirve”, aceptando cínicamente que la vía colapsaría tarde o temprano.
Hoy, con 13 ataúdes en el Istmo y 98 heridos, la “promesa” de las minas de Gonzalo López Beltrán se ha cumplido, pero a un precio que el pueblo nunca aceptó pagar. Mientras Amílcar Olán celebraba la concesión de minas en Oaxaca como si fuera un regalo de cumpleaños, los trabajadores y pasajeros del tren circulaban sobre una infraestructura condenada por la codicia de una nueva élite que se dice “austera” pero factura como oligarquía.
Morena ha instaurado un sistema donde:
- El hijo del poder asigna las minas y los contratos sin licitación.
- El prestatario amigo entrega materiales de pésima calidad.
- El Gobierno ignora las auditorías para no afectar el negocio familiar.
- El ciudadano pone la vida cuando el sistema inevitablemente falla.
La sangre derramada en Oaxaca tiene un origen claro: el tráfico de influencias desde Palacio Nacional. No se puede hablar de “bienestar” cuando los cimientos de la obra pública están hechos de corrupción solapada. México exige que se investigue a fondo el “Cártel de las Minas” y que los responsables de esta negligencia criminal, tengan el apellido que tengan, enfrenten la justicia.
