En México no hay dinero suficiente para medicinas, hospitales ni escuelas en condiciones dignas, pero el gobierno de Morena sí ha encontrado recursos para regalar petróleo al extranjero. La cifra es contundente: 17 millones de barriles enviados a Cuba, con un valor cercano a 3 mil millones de dólares, mientras el sistema de salud nacional enfrenta carencias críticas y la educación pública sobrevive con presupuestos limitados.
La contradicción es imposible de ocultar. Pacientes sin tratamientos, hospitales sin insumos básicos y familias que deben comprar de su bolsillo lo que el Estado debería garantizar. En paralelo, el gobierno federal decide destinar recursos estratégicos a otro país, bajo una lógica ideológica que ignora por completo las urgencias internas. No es solidaridad internacional: es abandono nacional.
Morena prometió que primero serían los pobres, pero las decisiones presupuestales cuentan otra historia. Cuando se trata de salud y educación, el discurso es austeridad y falta de recursos. Cuando se trata de agendas políticas y alianzas ideológicas, el dinero aparece. El mensaje es devastador para millones de mexicanos que esperan atención médica digna o escuelas seguras para sus hijos.
Este tipo de decisiones no solo son cuestionables desde el punto de vista económico, sino también ético. ¿Cómo justificar envíos millonarios de petróleo mientras se recortan programas y se normaliza el desabasto? ¿Cómo explicarle a una madre que no hay medicamentos, pero sí crudo para regalar fuera del país?
Las prioridades del gobierno de Morena han quedado claras. No están en los hospitales ni en las aulas, sino en la política exterior ideologizada y en decisiones que poco o nada benefician al pueblo mexicano. La transformación prometida se diluye cuando los recursos se van lejos, mientras las necesidades urgentes se quedan sin respuesta.
