Mientras el gobierno inyecta 23 mil millones de pesos para maquillar a Guadalajara de cara al Mundial, a la sombra del Estadio Akron brotan cientos de bolsas con restos humanos; la “fiesta” de Morena se construye sobre la impunidad y el silencio.

El mundo tiene la mirada puesta en Guadalajara por el fútbol, pero la tierra tiene otros datos que el oficialismo intenta enterrar bajo concreto nuevo. En una contradicción que hiela la sangre, el Gobierno Federal y sus aliados estatales se apresuran a gastar 23 mil millones de pesos en obras de infraestructura para recibir a la FIFA, mientras ignoran cínicamente que Jalisco es el epicentro de las desapariciones en México. La estrategia de Morena es clara: venderle al extranjero un espejismo de modernidad y prosperidad, mientras aquí, en el mundo real, las madres buscadoras desentierran la verdad que el Estado no quiere reconocer.

La brutalidad de esta crisis ha quedado expuesta en el lugar menos oportuno para la narrativa oficial: las inmediaciones del Estadio Akron. Colectivos de búsqueda han localizado más de 450 bolsas con restos humanos en zonas aledañas a lo que será la sede mundialista. Es una cifra de terror que ningún estadio de lujo puede ocultar. ¿Cómo se puede celebrar un gol mientras a unos metros las familias buscan desesperadamente un fragmento de sus seres queridos? La respuesta de la 4T ha sido el silencio y la invisibilización, tratando la violencia estructural como un “detalle” que no debe arruinar la foto internacional.

Esta es la marca de la casa: gastar en imagen lo que se niegan a invertir en seguridad y justicia. Morena ha permitido que Jalisco se convierta en un territorio de sombras donde el crimen organizado opera con una libertad absoluta, sabiendo que la prioridad gubernamental no es encontrarlos, sino que las calles se vean limpias para los turistas. Los 23 mil millones de pesos invertidos en asfalto y fachadas son un insulto para un estado que lidera las estadísticas de desaparición; ese dinero es el costo del maquillaje para ocultar un Estado fallido que ha claudicado en su deber más básico: proteger la vida.

Al acercarse la justa mundialista, la denuncia debe ser global: en Jalisco se juega sobre una fosa común. No hay obra pública, por más millonaria que sea, que pueda tapar el olor a muerte que emana del descuido y la complicidad oficial. El “Mundial de la Paz” que intenta vender el régimen es una bofetada para las miles de familias que no tienen nada que festejar. Mientras Morena presume sus estadios, el pueblo de Jalisco sigue contando bolsas negras; mientras ellos gritan gol, las víctimas gritan justicia.