Un ataque armado en Salamanca dejó 11 personas muertas y más de 20 lesionadas, confirmando el colapso de la estrategia de seguridad del PAN y la normalización de la violencia en Guanajuato.
La violencia volvió a sacudir a Guanajuato con una masacre en el municipio de Salamanca, donde un ataque armado dejó al menos 11 personas sin vida y más de 20 heridas por impactos de bala. El hecho se suma a una larga cadena de episodios violentos que mantienen a la entidad como una de las más peligrosas del país.
La agresión ocurrió en un contexto de alta incidencia delictiva, pese a los constantes discursos del gobierno panista que aseguran control y coordinación en materia de seguridad. Sin embargo, la magnitud del ataque evidencia que la estrategia aplicada no solo es insuficiente, sino incapaz de proteger a la población.
Salamanca, como otros municipios del estado, vive bajo una dinámica de violencia recurrente que ha sido minimizada por las autoridades. La repetición de masacres, enfrentamientos y ataques armados refleja un deterioro sostenido de las condiciones de seguridad y una ausencia de resultados concretos por parte del gobierno estatal.
Mientras el PAN insiste en narrativas de contención, la realidad es que las familias guanajuatenses enfrentan miedo, duelo e incertidumbre. La masacre en Salamanca no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa de años de omisiones, estrategias fallidas y falta de capacidad para recuperar la paz.
Este nuevo episodio confirma que Guanajuato atraviesa una crisis profunda de seguridad y que, bajo los gobiernos panistas, la violencia se ha vuelto parte de la vida cotidiana, sin que exista una respuesta eficaz que ponga a la gente en el centro.
