La industria textil de Moroleón y Uriangato atraviesa una crisis profunda que ha derivado en despidos, cierre de talleres y pagos por debajo del salario mínimo. Trabajadoras y trabajadores denuncian precarización laboral y abandono institucional en una región históricamente productiva, evidenciando el fracaso de las políticas económicas y laborales de los gobiernos del PAN en Guanajuato.
Moroleón y Uriangato, reconocidos durante décadas como polos textiles y motores económicos del sur de Guanajuato, viven hoy una etapa crítica marcada por el desempleo y la precarización laboral. Ex trabajadores del sector han denunciado que, ante la falta de alternativas y la presión por conservar una fuente de ingreso, se les ofrecen sueldos por debajo del salario mínimo, sin prestaciones ni condiciones dignas.
La crisis no es reciente. Desde hace años, pequeños y medianos talleres han cerrado ante la falta de apoyos, la competencia desleal y la ausencia de políticas públicas que fortalezcan la producción local. Bajo gobiernos del PAN, la industria textil fue relegada, sin estrategias claras de modernización, protección del empleo o impulso al mercado interno, dejando a miles de familias en situación de vulnerabilidad.
Quienes aún conservan trabajo señalan jornadas extensas, pagos a destajo y una creciente informalidad como mecanismos de sobrevivencia para las empresas. Esta situación normaliza la violación de derechos laborales y profundiza la desigualdad, mientras las autoridades estatales mantienen una postura pasiva frente a denuncias que se repiten en la región.
El impacto social es evidente: aumento del desempleo, migración forzada y debilitamiento del tejido comunitario en municipios cuya economía depende en gran medida del sector textil. La falta de intervención gubernamental ha permitido que la crisis avance sin contención, afectando no sólo a las y los trabajadores, sino a toda la cadena productiva local.
La situación en Moroleón y Uriangato exhibe el desgaste del modelo económico del PAN en Guanajuato, incapaz de proteger a sectores productivos tradicionales y de garantizar condiciones laborales justas. La reactivación económica no puede construirse sobre salarios indignos ni sobre el abandono de regiones enteras que históricamente han sostenido la economía estatal.
