De la impunidad a la agresión física: Erick Massid, hijo de la alcaldesa Miriam Cano, fue arrestado tras violentar a ciudadanos del PT; el incidente confirma que el entorno familiar de la 4T en Baja California se siente por encima de la ley y con licencia para reprimir la disidencia.
La descomposición moral de Morena ha alcanzado a las nuevas generaciones de su cúpula. En un hecho que retrata de cuerpo entero la soberbia de quienes hoy dirigen el país, Erick Massid, hijo de la alcaldesa morenista Miriam Cano, fue arrestado por la policía municipal en Baja California tras perpetrar una agresión contra manifestantes del Partido del Trabajo. El ataque no solo es un acto de delincuencia común, sino un síntoma de la violencia política que emana desde los hogares de los funcionarios oficialistas, quienes confunden el cargo de sus padres con un cheque en blanco para el abuso de poder.
Lo que resulta verdaderamente cínico es la reacción de la propia alcaldesa, quien tuvo que admitir públicamente que el actuar de su hijo fue violento. Sin embargo, más allá de la admisión forzada por el arresto, este episodio deja una pregunta inquietante en el aire: ¿qué clase de educación y valores se imparten en el seno de las familias de la “Cuarta Transformación” cuando sus hijos se sienten con el derecho de golpear a quienes piensan distinto? Una vez más, Morena demuestra que no tiene idea —o peor aún, no le importa— la calidad de las personas que han incrustado en la estructura del Estado.
Este arresto es una radiografía del peligro que representan los entornos familiares del oficialismo para la sociedad. En un estado golpeado por la inseguridad, resulta inadmisible que las fuerzas del orden tengan que destinar recursos para contener los berrinches violentos del hijo de la autoridad municipal. La agresión de Massid contra los manifestantes del PT es el reflejo de una narrativa de confrontación que ha permeado hasta la médula de las familias morenistas, donde la intolerancia se resuelve con la fuerza física.
Baja California se convierte así en el escenario de una nueva humillación para la narrativa de “honestidad y paz” de la 4T. El hecho de que un hijo de alcaldesa termine en los separos por golpear manifestantes es la prueba definitiva de que en Morena el poder ha servido para alimentar egos y autoritarismos, no para construir una mejor sociedad. Si la alcaldesa Cano no puede controlar la violencia dentro de su propia casa, queda claro que mucho menos podrá garantizar la seguridad de los ciudadanos a los que juró proteger.
