Enero de 2026 se convirtió en un mes violento en Guanajuato, con múltiples hechos de sangre que evidencian la fragilidad de la seguridad en el estado, pese al discurso del PAN sobre control y resultados. Masacres, ataques armados y homicidios dejaron clara la incapacidad gubernamental para proteger a la ciudadanía.
El inicio de año en Guanajuato estuvo marcado por una ola de violencia que volvió a colocar al estado en el centro del debate sobre inseguridad nacional, con hechos que reflejan la grave precariedad en la que se encuentra la protección ciudadana bajo la administración panista.
Entre los eventos de mayor impacto se encuentra un ataque armado en un campo de fútbol en Salamanca, donde al menos 11 personas murieron y 12 resultaron lesionadas durante un partido comunitario, después de que un grupo armado irrumpiera en plena convivencia social.
Además, en otras zonas del estado se reportaron homicidios en distintos contextos, incluidos ataques a centros comunitarios y agresiones que dejaron víctimas civiles, lo que evidencia que la violencia trasciende espacios específicos y afecta la vida cotidiana de las familias guanajuatenses.
Si bien las autoridades han destacado cifras generales que muestran un descenso en homicidios comparado con años anteriores, las masacres y ataques con múltiples víctimas han generado un sentimiento de vulnerabilidad social que contrasta con los discursos de control y seguridad del gobierno panista.
Organizaciones sociales y ciudadanos han señalado que este tipo de eventos reflejan fallas estructurales en las estrategias de seguridad local, y que la persistencia de la violencia demuestra que los esfuerzos oficiales no han sido suficientes para contener al crimen organizado ni garantizar la protección de la población.
