La austeridad llegó a las vacunas: de los más de 4 mil 570 millones de pesos asignados para proteger a la infancia en 2025, el gobierno federal solo ejerció 980 millones, dejando un boquete presupuestal de 3 mil 591 millones que hoy se traduce en desabasto y el resurgimiento de enfermedades como el sarampión y la tosferina.

La salud pública de México enfrenta un retroceso histórico. Datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) revelan que en 2025 el programa de vacunación sufrió un subejercicio crítico: de un presupuesto asignado de 4 mil 570 millones 900 mil pesos, solo se utilizaron 980 millones 221 mil pesos. Este abandono financiero ha dejado en el limbo la adquisición de biológicos esenciales, incluyendo la vacuna hexavalente acelular, que es la única defensa de los recién nacidos contra seis enfermedades mortales: difteria, tétanos, tosferina, hepatitis B, poliomielitis y Haemophilus influenzae.

Ante esta parálisis, Alejandro Macías, excomisionado de salud durante la pandemia de influenza A(H1N1), lanzó una alerta contundente: México es uno de los países que menos recursos destina a la vacunación en proporción a las recomendaciones internacionales. Mientras la OMS sugiere invertir el 6% del PIB en salud, México apenas alcanza el 3%, una brecha que se agrava con los constantes subejercicios que se han vuelto la norma desde el sexenio pasado. El peso de la vacunación en la agenda pública ha caído drásticamente, priorizando ahorros contables por encima de la inmunidad colectiva.

Las consecuencias de esta negligencia presupuestal ya son una realidad epidemiológica. Expertos en inmunología advierten que la reducción en la cobertura de inmunización ha provocado que enfermedades que estaban erradicadas o controladas regresen con fuerza. México cerró 2025 con cifras alarmantes: se registraron 6,213 casos confirmados de sarampión y 24 defunciones, convirtiendo al país en el líder de contagios en América. En el caso de la tosferina, la letalidad es preocupante, con 72 defunciones reportadas, de las cuales el 84.7% corresponden a bebés menores de seis meses que no contaban con antecedentes de vacunación.

El discurso oficial intenta matizar la crisis alegando que los pagos están “en trámite” o que existen dosis suficientes, pero la realidad en los centros de salud cuenta una historia de desabasto y citas pospuestas. El subejercicio de casi el 80% del presupuesto destinado a vacunas e insumos médicos no es solo una cifra técnica; es el desmantelamiento de la red de seguridad sanitaria más importante del país. Si no se reactiva la inversión y se recuperan las coberturas de al menos el 95%, México se arriesga a perder certificaciones sanitarias internacionales y, lo más grave, a enfrentar una epidemia infantil que pudo evitarse con voluntad política y recursos ejercidos a tiempo.