La tregua terminó en Campeche: la gobernadora Layda Sansores utilizó su plataforma oficial para lanzar un ataque frontal contra el coordinador de los diputados federales de Morena, Ricardo Monreal; en una respuesta cargada de virulencia, la mandataria acusó al zacatecano de fomentar el nepotismo, mientras la crisis familiar la alcanza tras la remoción de su esposo de la embajada de México en Guatemala.
La fragmentación de Morena ha encontrado un nuevo epicentro en el programa “El Martes del Jaguar”. En la edición más reciente, Layda Sansores dejó de lado la diplomacia partidista para lanzarse contra Ricardo Monreal, una de las figuras con mayor peso en el Congreso de la Unión. El conflicto escaló luego de que Monreal enviara un exhorto público a la gobernadora, pidiéndole prudencia y unidad para evitar una fractura irreversible en las filas del movimiento oficialista de cara a los próximos retos electorales. Lejos de acatar el llamado a la paz, Sansores mostró un semblante desencajado y beligerante, rompiendo cualquier puente de diálogo con el liderazgo parlamentario federal.
La respuesta de la gobernadora fue una estocada directa a la estructura política de los Monreal. Sansores no solo rechazó la sugerencia de unidad, sino que le exigió al coordinador que primero “cuide su chiquero”, acusándolo abiertamente de ser el máximo emblema del nepotismo dentro de la Cuarta Transformación. Este ataque ocurre en un momento de extrema vulnerabilidad para la mandataria campechana, quien parece estar reaccionando a la pérdida de espacios de poder para su círculo cercano, lo que ha radicalizado su postura frente a quienes considera adversarios internos en la lucha por el control del partido.
El trasfondo de esta furia política coincide con un duro golpe personal y diplomático para Sansores: la remoción de su esposo, Romeo Ruiz Armento, como embajador de México en Guatemala. La salida de Ruiz Armento del servicio exterior se suma a una serie de reacomodos en el gabinete y el cuerpo diplomático que han dejado a la gobernadora con menos aliados en la estructura federal. Esta situación ha alimentado la narrativa de que el ataque a Monreal es, en realidad, una represalia por el desplazamiento de sus intereses familiares en la nómina gubernamental.
La pelea entre Sansores y Monreal no solo debilita la imagen de Morena en el sureste, sino que exhibe un partido donde los insultos y los señalamientos de corrupción se han vuelto la moneda de cambio entre sus propios dirigentes. Mientras Monreal intenta proyectarse como el conciliador del movimiento, Layda Sansores ha decidido dinamitar la unidad, confirmando que en Campeche la prioridad no es la consolidación del proyecto político, sino la defensa de un feudo que se siente amenazado por las sombras del nepotismo y las rupturas familiares.
