La lealtad en la política de la “4T” dura lo que dura el cargo: ayer, tras ser notificado oficialmente de su destitución de la Dirección de Materiales Educativos, Marx Arriaga Navarro pasó de la disciplina institucional al ataque frontal; solo después de verse removido de su puesto, el polémico funcionario optó por amotinarse en las oficinas y acusar de corrupción a su superior, Mario Delgado, en un evidente acto de revanchismo tras perder el poder.
La caída de Marx Arriaga fue el espectáculo de un funcionario que no sabe retirarse con dignidad. Inmediatamente después de recibir la notificación de su remoción, Arriaga decidió atrincherarse en las instalaciones de la SEP junto a un grupo de seguidores, convirtiendo su salida en un motín administrativo. Fue en ese preciso momento, ya con el cese en la mano, cuando el creador de los libros de texto decidió “descubrir” la supuesta corrupción de Mario Delgado. Ante los medios, el ahora exfuncionario arremetió contra el Secretario de Educación, acusándolo de traicionar al movimiento y de pretender privatizar la enseñanza, un discurso que guardó celosamente mientras ocupaba su silla directiva.
Esta “rebelión” tardía de Arriaga busca disfrazar de lucha ideológica lo que en realidad parece una represalia personal. Desde diciembre, Arriaga ya venía cocinando un ambiente de hostilidad, pero fue hasta su despido que estalló públicamente contra la dirigencia. Sin embargo, su ofensiva contra Delgado se ve empañada por las graves denuncias de sus propios subordinados, quienes aseguran que el ambiente en su dirección era de extorsión sistemática. Trabajadores de la SEP revelaron que Marx les exigía una parte de su sueldo para financiar sus viajes y giras, utilizando la estructura del Estado para fines de promoción personal.
El esquema de recaudación de estos “diezmos” tenía un operador clave: Sady Loaiza. El excolaborador del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela no solo participaba en la redacción de contenidos ideológicos, sino que, según los testimonios, era el encargado de recolectar el dinero que se les quitaba a los empleados. Esta gestión de “caja chica” con salarios ajenos habría sido uno de los detonantes de su salida, pues la operatividad delictiva dentro de la oficina de Materiales Educativos se volvió insostenible para la nueva administración de la secretaría.
Con la destitución de Arriaga, la SEP intenta desarticular un grupo que operaba bajo sus propias reglas y financiamientos opacos. El amotinamiento y las conferencias de prensa de Marx Arriaga tras su despido solo confirman que su prioridad no era la educación de los niños mexicanos, sino el mantenimiento de un feudo político-económico. Al final, su acusación de corrupción contra Mario Delgado carece de peso ético, pues surge únicamente como el grito de quien ha sido expulsado del presupuesto y ve cómo su red de recaudación familiar y extranjera llega a su fin.
