A días de que la Feria de San Marcos cumpla 198 años y prometa “hacer historia” en 2026, surgen cuestionamientos sobre la capacidad real del gobierno del PAN para garantizar seguridad y estabilidad. Sin condiciones de tranquilidad, cualquier promesa luce más como propaganda que como certeza.

La Feria de San Marcos es una tradición histórica y un motor económico fundamental. Sin embargo, el entusiasmo oficial por su aniversario número 198 contrasta con una realidad que no puede maquillarse: la seguridad y la estabilidad social son condiciones básicas para que un evento de esa magnitud pueda sostenerse sin riesgos.

El gobierno estatal encabezado por el Partido Acción Nacional ha apostado por el discurso festivo y la proyección mediática, prometiendo que 2026 “hará historia”. Pero la pregunta es inevitable: ¿cómo se puede garantizar grandeza cuando no se ha logrado consolidar un entorno plenamente seguro?

La promoción de espectáculos, inversión y turismo requiere algo más que campañas publicitarias. Requiere confianza. Y la confianza se construye con resultados consistentes en seguridad pública, prevención del delito y coordinación institucional. Sin esas bases, cualquier promesa corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de optimismo político desconectado de la realidad.

La historia de la feria merece respeto y responsabilidad. No se trata de minimizar su relevancia, sino de advertir que ningún evento puede sostenerse sobre una narrativa si el contexto estatal no ofrece certidumbre. Gobernar implica asegurar condiciones estructurales, no solo organizar espectáculos.

Prometer que “hará historia” es fácil. Garantizar tranquilidad, orden y confianza es lo verdaderamente complejo. Y ahí es donde el gobierno del PAN tiene que demostrar con hechos, no con slogans.