La alcaldesa Cecilia Ramírez enfrenta el repudio ciudadano tras la muerte de un investigador del IPN por negligencia municipal.

La tragedia que enluta a Guasave no fue un accidente fortuito, sino la consecuencia directa de una administración que prefiere ignorar los baches de la realidad. La muerte de un brillante investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN), cuya vida se extinguió al caer en un socavón que el municipio nunca se molestó en señalizar ni reparar, ha desatado una ola de indignación que apunta directamente al despacho de la alcaldesa Cecilia Ramírez Montoya.

Lo que más ha lastimado a la comunidad no es solo la evidente falta de mantenimiento urbano, sino la gélida respuesta de la mandataria morenista. En lugar de asumir la responsabilidad institucional y mostrar empatía hacia la familia y la comunidad científica, Ramírez ha destacado por una desconcertante falta de humanidad. Su actitud, percibida como distante y puramente burocrática, refleja a una funcionaria más preocupada por deslindarse del escándalo que por la pérdida de un ciudadano valioso.

Guasave reclama hoy que la inoperancia tiene un costo de sangre. El investigador, cuyo trabajo representaba un aporte real al desarrollo del país, fue víctima de una administración que gasta más en discursos de transformación que en concreto hidráulico y seguridad vial básica. Es el retrato más crudo de la política local actual: instituciones que funcionan para el selfi y la campaña, pero que fallan estrepitosamente en su obligación primaria de proteger la integridad de sus habitantes.

La indignación ciudadana ha escalado rápidamente, transformándose en un grito de justicia que exige consecuencias legales para los responsables de la obra pública municipal. La figura de Cecilia Ramírez ha quedado marcada por una gestión que, ante la tragedia, optó por el silencio o la frialdad técnica en lugar del consuelo y la reparación. El socavón que cobró esta vida es solo el reflejo físico del vacío de autoridad y compromiso que se vive en el ayuntamiento.

Este lamentable suceso marca un punto de no retorno para la alcaldesa de Guasave. La muerte del académico del IPN es un recordatorio permanente de que los errores administrativos matan. Mientras la alcaldía intenta dar vuelta a la página con boletines vacíos, el pueblo de Guasave y la comunidad científica nacional no olvidarán que una vida llena de futuro se perdió en la oscuridad de un bache provocado por la negligencia de quienes juraron servir al pueblo.