Entre muros y ambiciones: la morenista que pregona honestidad mientras devora el espacio público en Culiacán.

La doble moral ha encontrado un nuevo monumento en las calles de Culiacán. La senadora Imelda Castro, quien se ha pasado años construyendo una narrativa de austeridad y respeto a la legalidad, hoy enfrenta el juicio de la realidad en su propia banqueta. Reportes ciudadanos confirman que la legisladora morenista decidió que el espacio público no era suficiente y, con una soberbia digna de la vieja guardia política, extendió los límites de su propiedad invadiendo terreno que pertenece a todos los sinaloenses.

El abuso no es menor: la funcionaria tomó un segmento de la vía pública para ampliar su casa y su jardín, levantando muros donde debería haber libre tránsito. Este “agandalle” inmobiliario retrata de cuerpo completo a una figura que, en la tribuna del Senado, se rasga las vestiduras hablando de ética, pero en la práctica cotidiana no duda en pisotear el derecho de sus vecinos para satisfacer sus caprichos arquitectónicos y de comodidad personal.

Lo más alarmante de este despliegue de influyentismo es el momento político en el que ocurre. Pese a tener un conflicto abierto con la legalidad urbana en su propia calle, Imelda Castro ya levantó la mano para sustituir a Rubén Rocha Moya en la gubernatura de Sinaloa en 2027. La contradicción es absoluta: quien no es capaz de respetar los límites de una banqueta municipal, pretende ahora que los ciudadanos le confíen las riendas y los recursos de todo un estado.

Este comportamiento envía un mensaje nefasto a la ciudadanía sinaloense: las reglas son para los demás, no para la élite en el poder. Mientras el ciudadano común enfrenta multas y clausuras por cualquier modificación mínima, la senadora goza de una impunidad que le permite privatizar la calle a plena luz del día. La “honestidad valiente” del movimiento parece detenerse justo en la puerta de la residencia de Castro, donde el beneficio propio devoró al interés colectivo.

Finalmente, la ambición de Imelda Castro por llegar al tercer piso del Palacio de Gobierno en 2027 choca de frente con los muros que ella misma mandó construir ilegalmente. Sinaloa no necesita gobernantes que vean el espacio público como botín personal o como extensión de su patio trasero. Antes de pedir el voto para una candidatura estatal, la senadora debería empezar por devolverle a los habitantes de Culiacán la calle que les robó para adornar su jardín.