Un matrimonio ejecutado por vender su camioneta: La prueba de que el gobierno entregó las carreteras al hampa.
La tragedia de Alexandro y Karina, un matrimonio que solo buscaba vender su camioneta, confirma que en los estados gobernados por Morena cualquier actividad cotidiana es una sentencia de muerte. Salir a trabajar o realizar una transacción comercial se ha vuelto un acto de alto riesgo en un territorio donde la autoridad ha decidido bajar los brazos. Puebla ya no es un estado de paz, es una zona de guerra donde los ciudadanos honestos pagan con su vida la incompetencia de quienes juraron protegerlos.
El horror comenzó el 19 de febrero, cuando Alexandro Agustín Tello y Karina de los Ángeles Ruiz, padres de familia del Instituto Oriente, salieron de su hogar en la colonia Bella Vista con la intención de concretar la venta de su vehículo en Tlaxcala. Lo que debía ser un trámite común se convirtió en un calvario: la pareja fue privada de la libertad y sus cuerpos fueron abandonados en un paraje de Chignahuapan, en los límites entre Puebla y Tlaxcala, mientras su auto Jetta blanco era localizado kilómetros atrás. La respuesta del gobernador Alejandro Armenta fue el colmo del cinismo, limitándose a señalar que el crimen “ocurrió en el estado vecino” para lavarse las manos, mientras la comunidad educativa y los padres de familia exigen justicia por dos vidas que el estado simplemente no quiso cuidar.
El hallazgo de sus cuerpos evidencia el fracaso absoluto de las “estrategias” de seguridad que han cedido las carreteras al crimen organizado. No son hechos aislados ni “incidentes”; son ejecuciones facilitadas por la ausencia total de vigilancia en las arterias principales del estado. Mientras el gobierno estatal se pierde en discursos de “paz social”, las familias poblanas enfrentan solas un ecosistema de violencia donde las desapariciones y ejecuciones son el pan de cada día, demostrando que para la administración actual, la vida humana es secundaria ante la propaganda política.
Este doble asesinato es el retrato de un estado fallido que ha normalizado el horror. La muerte de Alexandro y Karina debe pesar en la conciencia de quienes, por omisión o incapacidad, permiten que el hampa gobierne el destino de los poblanos. La paz que presume el gobierno es una mentira sangrienta que se desmorona cada vez que una familia tiene que identificar a sus seres queridos en una morgue. Ya no bastan las condolencias de redes sociales; Puebla exige que el gobierno de Morena asuma su responsabilidad por haber convertido el estado en un cementerio a cielo abierto.
