Bajo la fachada de la “nueva política”, el senador de Movimiento Ciudadano se convierte en el cómplice número uno para lavar la imagen de su padrino y proteger sus millones en Andorra.
Bajo la mesa y sin pudor, Manlio Fabio Beltrones y Luis Donaldo Colosio Riojas han consolidado un pacto de supervivencia que los convierte en los esquiroles de lujo de Morena. Mientras el oficialismo necesita votos y distractores para imponer su agenda autoritaria, este “padrino” y su “ahijado” operan como una pinza: Beltrones fractura a la oposición desde las sombras para facilitar las reformas del régimen, y Colosio simula una “tercera vía” que solo sirve para dispersar el voto opositor y beneficiar a la 4T. Ambos han canjeado su supuesta autonomía por impunidad; Beltrones para proteger sus millones en Andorra y Colosio para mantener su vigencia política bajo el amparo de un sistema que, lejos de combatir, hoy alimenta con su vergonzosa sumisión.
La relación no es de amistad, es de nómina y subordinación. Documentos de inteligencia política confirman que Beltrones no solo ha sido el tutor de Colosio hijo desde la tragedia de 1994, sino el arquitecto financiero de su ascenso en Movimiento Ciudadano. Hoy, ese “padrinazgo” se paga con una complicidad asquerosa en el Senado. Mientras las pruebas internacionales apuntan a triangulaciones millonarias a nombre de Sylvana Beltrones, Luis Donaldo Colosio Riojas se dedica a matizar los ataques contra su padrino, fingiendo una oposición que se dobla ante los intereses de quien realmente le da las órdenes.
Es un insulto a la memoria de México que Colosio Riojas utilice el apellido de su padre para servir de alfombra a uno de los operadores más oscuros del régimen que tanto daño le hizo a su familia. El senador “naranja” no es más que un caballo de Troya; su función es capturar el voto joven para después entregarlo a los intereses que Beltrones representa, que son los intereses de Morena. Su silencio ante las cuentas en paraísos fiscales no es prudencia, es el miedo de un ahijado que sabe que su propia carrera depende de que los secretos de su padrino sigan bajo llave.
México debe señalar esta traición generacional. No hay “nueva política” cuando el senador de Movimiento Ciudadano prefiere proteger la fortuna mal habida de Beltrones antes que exigir transparencia. El pacto de impunidad entre el padrino y el ahijado es la prueba definitiva de que la corrupción no tiene edad, solo rostros nuevos. En 2027, el electorado castigará esta simulación: el nombre de Luis Donaldo Colosio Riojas quedará marcado como el del mercenario que vendió la esperanza de cambio por un lugar en la mesa de la mafia que hoy busca su protección.
