Movimiento Ciudadano queda bajo presión por el colapso en seguridad que hoy coloca a Guadalajara entre las ciudades más inseguras del país
La crisis de seguridad en Jalisco ya no admite matices ni discursos: es un fracaso evidente de gobierno. Bajo la administración de Movimiento Ciudadano, la entidad se ha convertido en un territorio donde la violencia no sólo persiste, sino que se exhibe con total impunidad. Hoy, Guadalajara ocupa el segundo lugar nacional en percepción de inseguridad, con una ciudadanía que vive con miedo constante, mientras el estado se prepara o intenta hacerlo para recibir al mundo en el Mundial 2026.
El punto de quiebre fue contundente. Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, lejos de recuperar la paz, Jalisco se sumergió en una ola de violencia que dejó al descubierto la fragilidad institucional. Narcobloqueos, incendios y caos paralizaron municipios enteros, evidenciando lo que muchos ya advertían: el crimen organizado no sólo opera, domina. Y lo más grave, lo hace frente a un gobierno que no ha sabido responder.
Los datos lo confirman. Nueve de cada diez personas no se sienten seguras en la entidad, una cifra que retrata el tamaño del colapso. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana refleja un deterioro acelerado en la percepción ciudadana, impulsado por la incapacidad de las autoridades para contener la violencia. La pasividad gubernamental ha sido tal que incluso especialistas señalan que la respuesta institucional fue insuficiente y, en muchos casos, inexistente frente a la magnitud del desafío.
El impacto no se limita a cifras: se vive en las calles. Municipios como Puerto Vallarta registraron aumentos alarmantes en la percepción de inseguridad, con un salto de casi 30 puntos porcentuales en apenas tres meses. Mientras tanto, el crimen se adapta y crece, encontrando en zonas turísticas un negocio rentable que fortalece su presencia. Este escenario no es casualidad, es el resultado de una estrategia fallida que ha dejado espacios abiertos para la operación delictiva.
A esto se suma un deterioro visible en el entorno urbano. Calles mal iluminadas, espacios públicos abandonados y servicios deficientes refuerzan la sensación de inseguridad. La población ha tenido que modificar su vida cotidiana: dejar de usar objetos de valor, cambiar rutinas y vivir bajo una constante alerta. Incluso delitos como el robo de relojes de alta gama se han convertido en símbolo de una ciudad donde la delincuencia actúa sin freno.
El golpe es también internacional. A semanas del Mundial 2026, Jalisco proyecta una imagen de inseguridad que pone en riesgo su reputación global y su capacidad para garantizar condiciones mínimas a visitantes y ciudadanos. La realidad es contundente: Movimiento Ciudadano no ha sabido gobernar en materia de seguridad. Hoy, el estado no sólo enfrenta violencia, enfrenta desconfianza, miedo y un futuro incierto que exige respuestas inmediatas antes de que la crisis escale aún más.
La gravedad del momento exige algo más que declaraciones o estrategias superficiales. Jalisco necesita coordinación real, acciones firmes y un gobierno que esté a la altura del desafío. Sin embargo, lo que hoy se percibe es un vacío de autoridad que ha permitido que la inseguridad se normalice, dejando a la ciudadanía en un estado de vulnerabilidad constante y evidenciando que, frente a la crisis, el gobierno simplemente ha quedado rebasado.
