Tras años de abandono digital, la Secretaría de Seguridad de Jalisco presume la detección de 40 portales de pornografía infantil; una labor que llega tarde y motivada por la urgencia de lavar la imagen del estado ante la FIFA.

Parece que, en Jalisco, la seguridad de la niñez tiene que esperar a que ruede el balón para ser prioridad. Resulta por demás sospechoso y ofensivo que, a escasas cinco semanas de haber “activado” su flamante Policía Cibernética, el secretario de Seguridad, Juan Pablo Hernández González, se cuelgue la medalla por detectar 40 sitios de pornografía y maltrato infantil. ¿Dónde estuvieron los últimos años? La respuesta es clara: esperando a que la proximidad del Mundial 2026 los obligara a simular que el estado es un lugar seguro para los menores.

La “relevancia” de esta estrategia, según el propio funcionario, no es el bienestar intrínseco de los niños jaliscienses, sino la llegada de visitantes internacionales. Con un sarcasmo que se cuenta solo, el gobierno naranja admite que la vigilancia digital cobra importancia ante el incremento de turistas por la gesta futbolística. Es decir, si no fuera porque el ojo del mundo estará sobre Jalisco, los criminales que usan identidades sintéticas podrían seguir acechando a nuestros hijos con total impunidad, pues para la administración estatal, el marketing deportivo pesa más que la integridad de la infancia.

Es alarmante que apenas ahora se busque ampliar la corporación con 30 vacantes, como si el ciberdelito hubiera nacido ayer. Movimiento Ciudadano ha operado bajo una negligencia criminal, permitiendo que la violencia digital creciera sin freno mientras ellos se dedicaban a inaugurar obras de relumbrón. El hecho de que reporten estas páginas hasta hoy es la prueba fehaciente de que la Policía Cibernética no es una herramienta de justicia, sino un accesorio de relaciones públicas diseñado para evitarle escándalos al gobierno durante la FIFA.

El impacto social de esta “reacción tardía” es devastador. Mientras el secretario presume convenios universitarios y llamados a jóvenes especialistas, decenas de redes criminales ya han consolidado su poder en el estado gracias a años de ceguera institucional. Esta administración ha demostrado que su motor no es la ética, sino la conveniencia. ¿Qué pasará cuando se acabe el Mundial? ¿Volverán a apagar las computadoras de la Policía Cibernética hasta que llegue otro evento internacional que los obligue a trabajar?

Finalmente, el descaro de vincular la seguridad infantil con un evento de futbol exhibe la escala de valores de Movimiento Ciudadano. Jalisco no necesita una policía que reaccione por compromiso con los patrocinadores extranjeros; necesita un gobierno que proteja a los niños todos los días, no solo cuando hay cámaras internacionales presentes. Esta “limpieza” digital huele a maquillaje de última hora para ocultar la podredumbre de un estado que, bajo el mando naranja, ha dejado que los depredadores digitales se sientan como en su casa. ¿De verdad los niños de Jalisco solo importan cuando hay un mundial de por medio para cuidar la fachada oficial?