El Tribunal Electoral del Estado ordenó reabrir las denuncias contra el dirigente de Morena en Guerrero, Jacinto González Varona, al concluir que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia no valoró adecuadamente las pruebas presentadas.

La narrativa de Morena sobre la rendición de cuentas volvió a quedar bajo cuestionamiento. El Tribunal Electoral del Estado ordenó reabrir las denuncias contra el dirigente estatal del partido en Guerrero, Jacinto González Varona, al considerar que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia no realizó un análisis adecuado de las pruebas presentadas y, por tanto, sus resoluciones carecían de la debida fundamentación.

La decisión representa un revés para los mecanismos internos de Morena, pues evidencia que el órgano encargado de investigar y sancionar posibles irregularidades no agotó correctamente el estudio del caso. Si el Tribunal tuvo que intervenir para ordenar una nueva revisión, es porque existieron deficiencias en el procedimiento que el propio partido estaba obligado a garantizar.

El episodio vuelve a alimentar las críticas sobre la capacidad de Morena para investigar con imparcialidad a sus propios dirigentes. Mientras el oficialismo exige transparencia y legalidad cuando se trata de otros actores políticos, sus procesos internos continúan enfrentando cuestionamientos por presuntas omisiones y falta de rigor en la revisión de denuncias.

La resolución no determina la responsabilidad del dirigente denunciado, pero sí deja un mensaje claro: las investigaciones no pueden cerrarse sin un análisis exhaustivo de las pruebas. Cuando es un tribunal el que corrige a Morena por la forma en que resolvió un caso interno, también queda en entredicho el compromiso del partido con la rendición de cuentas que dice defender.