Mientras los acapulqueños suplican por agua y seguridad, la alcaldesa morenista presume lujos dignos de la realeza, desatando una investigación por cohecho que pone al descubierto la farsa de su “austeridad”.

Acapulco es hoy una ciudad que sobrevive entre escombros, falta de servicios básicos y el asedio constante del crimen organizado, pero para su alcaldesa, Abelina López, la prioridad es el brillo de su cuello. La Fiscalía Anticorrupción de Guerrero ha admitido una denuncia formal en su contra por presunto cohecho, tras ser exhibida luciendo un collar de lujo valuado en hasta 227 mil pesos. El contraste es criminal: el precio de una sola joya de la alcaldesa equivale a meses de salario de los trabajadores que mantienen a flote el puerto o a miles de pipas de agua que nunca llegan a las colonias populares.

Con el cinismo que caracteriza a la “Cuarta Transformación” cuando es atrapada en el privilegio, Abelina López intentó defenderse con una mentira que insulta la inteligencia de los ciudadanos, asegurando que la pieza costó “menos de 3 mil pesos”. Sin embargo, expertos en joyería y la propia Fiscalía han encontrado indicios suficientes para citarla a comparecer. Esta no es solo una cuestión de vanidad; es la sospecha fundada de que las joyas de la alcaldesa son el pago de favores oscuros, el “diezmo” de la corrupción que fluye mientras Acapulco se hunde en el abandono institucional.

Abelina López es el retrato de la nueva aristocracia guinda. Es la misma funcionaria que en el pasado justificó la violencia bajo el argumento del “calor” y que ha fallado sistemáticamente en la reconstrucción del puerto tras los huracanes, pero que no escatima en gastos cuando se trata de su imagen personal. ¿De dónde salió el dinero para un collar de casi un cuarto de millón de pesos? La respuesta apunta a un sistema de complicidades donde el presupuesto público se desvía para adornar a quienes prometieron “primero los pobres” y terminaron siendo “primero los lujos”.

Finalmente, la comparecencia ante la Fiscalía Anticorrupción debe ser solo el inicio. Acapulco no aguanta más una administración que se burla de su tragedia con exhibiciones de riqueza inexplicable. El collar de Abelina es el grillete que hoy la ata a la sospecha de corrupción total. Si Morena permite que su alcaldesa siga pavoneándose con joyas de lujo mientras el puerto agoniza, estará confirmando que su proyecto político no es una transformación, sino un saqueo decorado con piedras preciosas.