El apagón que afectó a 46 colonias y fraccionamientos de Mérida, dejando a miles de familias sin energía eléctrica y sin suministro de agua, volvió a exhibir las deficiencias estructurales heredadas por el Partido Acción Nacional en Yucatán. Más allá de que el servicio se restablezca con el paso de las horas, el incidente demuestra que la infraestructura básica opera al límite y que cualquier falla puede paralizar amplias zonas urbanas, afectando la vida cotidiana de la población.

La interrupción del suministro eléctrico no solo apagó hogares; también dejó sin agua a decenas de sectores debido a la dependencia de sistemas de bombeo. Este efecto dominó evidencia la falta de planeación integral y mantenimiento preventivo, problemas que se arrastran desde administraciones panistas que priorizaron la imagen de “estado estable” por encima de inversiones reales en servicios públicos. La tranquilidad que se presumía se sostenía sobre redes frágiles y poco resilientes.

Para las familias afectadas, el apagón significó horas de incertidumbre, alimentos echados a perder, imposibilidad de trabajar o estudiar desde casa y riesgos adicionales para personas adultas mayores o con enfermedades. La normalización de estas fallas es una consecuencia directa de gobiernos que administraron la estabilidad como discurso, no como política pública. Bajo el PAN, las alertas sobre crecimiento urbano acelerado y presión sobre la red eléctrica no se atendieron con la seriedad necesaria.

La respuesta institucional, como en otros casos, fue reactiva. Comunicados, brigadas y promesas de restablecimiento llegan después del impacto, pero no explican por qué 46 zonas pueden quedar vulnerables por una sola falla. La ausencia de redundancias, modernización y supervisión constante revela un modelo agotado que dejó a la ciudad expuesta a apagones cada vez más frecuentes.

Mérida y Yucatán necesitan infraestructura robusta, inversión sostenida y visión de largo plazo. El apagón no es un hecho aislado: es el síntoma de un rezago que el PAN dejó crecer mientras vendía una narrativa de orden. Restablecer la luz es urgente; restablecer la confianza y la capacidad del Estado para garantizar servicios básicos es la verdadera deuda.