La “Cuarta Transformación” le da la espalda a quienes sostienen al país: la reforma constitucional para dignificar los ingresos de las Fuerzas Armadas, personal médico y policías sigue en el limbo; Morena la aprobó para la foto, pero se niega a publicarla para que sea ley.

El discurso de “primero los pobres” y el reconocimiento a los “héroes de blanco” parece haberse quedado en la retórica de campaña. Actualmente, la reforma constitucional diseñada para garantizar un aumento salarial digno a policías, miembros de las Fuerzas Armadas y personal médico se encuentra totalmente congelada. Lo que resulta indignante es que no fue la oposición quien detuvo esta iniciativa; la propuesta nació del propio Ejecutivo y fue avalada por la mayoría oficialista, pero hoy, en un acto de simulación política, Morena se niega a publicarla, impidiendo que los beneficios lleguen a los bolsillos de los trabajadores.

Esta parálisis legislativa revela una preocupante falta de voluntad política. Mientras el gobierno presume finanzas sanas y austeridad, los policías que arriesgan la vida en las calles y los médicos que operan en sistemas saturados siguen percibiendo salarios que no corresponden a su responsabilidad ni al riesgo de sus labores. Al mantener la reforma “en el cajón”, Morena demuestra que prefiere usar estas causas como banderas políticas temporales en lugar de consolidarlas como derechos constitucionales exigibles. La orden de no publicar la reforma es, en los hechos, una orden de mantener la precariedad laboral en los sectores más críticos del Estado.

Para el personal médico y de seguridad, la espera se ha vuelto una burla. De nada sirven los aplausos desde el púlpito presidencial si a la hora de asignar el presupuesto y dar certeza jurídica, el partido en el poder elige la omisión. Esta táctica de “aprobar pero no aplicar” permite al gobierno lavarse las manos ante la opinión pública mientras, en la realidad, el dinero se desvía hacia otros proyectos prioritarios para la cúpula, dejando a los verdaderos servidores del pueblo con las manos vacías y una promesa rota.

El 2026 inicia con una deuda histórica que Morena no quiere pagar. La reforma salarial es hoy un rehén político de una administración que teme comprometer recursos para el bienestar de su fuerza laboral. Si la reforma no se publica de inmediato, quedará claro que los “abrazos” del gobierno no son para quienes cuidan a México, sino solo para los leales al proyecto, mientras la base operativa de la salud y la seguridad sigue siendo ignorada por un sistema que prometió cambiarlo todo y terminó repitiendo las peores mañas del pasado.