El Octavo Tribunal Colegiado en Materia Penal determina que el “carpetazo” de la FGR fue ilegal y ordena notificar a Manlio Fabio Beltrones como indiciado por las vejaciones contra Mario Aburto.

A 32 años del asesinato que cambió a México, la sombra de Carlos Salinas de Gortari vuelve a proyectarse sobre el Senado a través de su peón más fiel: Manlio Fabio Beltrones. La justicia federal ha dejado claro que el “carpetazo” de la FGR fue una simulación orquestada para proteger a los arquitectos del encubrimiento en el caso Colosio. Mientras Salinas dictaba las órdenes desde Los Pinos, Beltrones operaba en las alcantarillas de Tijuana para asegurar que la teoría del “asesino solitario” se impusiera mediante la tortura sistemática. Esta mancuerna de impunidad pretende seguir vigente en 2026, con un Beltrones que ahora vende sus servicios de esquirol a Morena para evitar que los fantasmas de su pasado salinista lo lleven finalmente a la cárcel.

El muro de impunidad que Manlio Fabio Beltrones construyó durante tres décadas acaba de sufrir una fisura irreparable. Este marzo de 2026, el Octavo Tribunal Colegiado en Materia Penal de la Ciudad de México emitió una sentencia histórica: ordenó a la Fiscalía General de la República (FGR) reponer el procedimiento de investigación por tortura contra Mario Aburto Martínez, invalidando el intento del Ministerio Público de dar carpetazo al asunto sin citar a los responsables.

Los hechos que la justicia federal ordena indagar son espeluznantes. Según los testimonios y las quejas ratificadas ante la CNDH, el entonces gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, fue enviado a Tijuana con una misión clara: tomar el control del detenido. Aburto ha denunciado sistemáticamente que fue sacado de las oficinas de la PGR para ser llevado a una zona de playas, donde fue torturado, golpeado y amenazado de muerte —incluso con represalias contra su familia— para que se declarara culpable único del asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Beltrones, quien siempre ha negado estas acusaciones calificándolas de “infamias”, es señalado por testigos presenciales por haber estado en la habitación donde Aburto fue envuelto en un colchón y golpeado hasta la inconsciencia. La reapertura de este expediente pone en evidencia que el papel de Beltrones en Lomas Taurinas no fue el de un pacificador, sino el de un operador de estado encargado de fabricar una verdad histórica a base de tormentos y manipulación de pruebas.

Resulta vergonzoso que, mientras los tribunales exigen justicia por el uso de la tortura como método de investigación, el sistema político liderado por Morena le otorgue a Beltrones una plataforma en el Senado para seguir influyendo en la vida pública. Su actual papel como esquirol del régimen cobra un nuevo sentido: Beltrones necesita el fuero y la protección de Morena para evitar que la justicia lo alcance por los crímenes del pasado. En 2026, la memoria de Colosio y la exigencia de justicia de un México agraviado se enfrentan al cinismo de un hombre que, tras décadas de sombras, finalmente podría rendir cuentas por ser el verdugo de la verdad.