Zacatecas no es un “cuento” ni un “show” de la Función Pública: es un estado fallido donde el gobierno de David Monreal ha pasado de la omisión criminal a la represión física; mientras el narco desaparece personas, el Estado se encarga de golpear a las madres que se atreven a buscarlos.
La desaparición de miles de personas en Zacatecas no es una tragedia natural, es una factura política endosada a la administración de Morena. En un estado donde el tejido social ha sido devorado por la inseguridad, el gobierno de David Monreal ha decidido que su enemigo no es el crimen organizado que se lleva a los jóvenes, sino las madres que los buscan. El reciente intento de convertir este dolor en un “concurso de cuentacuentos” es la cúspide de una indolencia criminal: el Estado pretende que las familias narren como ficción lo que es una realidad de sangre, una realidad que simplemente no existiría si el gobierno cumpliera con su obligación constitucional de proteger a la ciudadanía.
La re-victimización en Zacatecas es una política de Estado. No conformes con la omisión que permite las desapariciones, el gobierno de Morena ha recurrido a la represión física contra los colectivos de búsqueda. El uso de la Fuerza de Reacción Inmediata de Zacatecas (FRIZ) para encapsular, golpear y gasear a madres buscadoras —quienes solo piden ser escuchadas— revela el verdadero rostro de la “transformación” en la entidad. Mientras el narco goza de impunidad en municipios como Fresnillo, el Estado despliega todo su poderío para silenciar a mujeres armadas únicamente con la fotografía de sus hijos colgada al pecho.
Es un insulto a la inteligencia ciudadana que Morena intente usar la crisis de desaparecidos como un circo mediático o una plataforma de “fomento cultural”. La búsqueda no es un show, es un calvario diario que el gobierno de Monreal ha agravado con su desprecio. Cada fosa clandestina que las madres encuentran es una prueba del fracaso de la seguridad federal y estatal; cada golpe de la policía contra una buscadora es una confesión de culpa de un régimen que prefiere limpiar la imagen del gobernador que limpiar de delincuentes las carreteras de Zacatecas.
En 2026, la herida de Zacatecas sigue abierta y supurando por culpa de un gobierno que ha decidido administrar el horror en lugar de combatirlo. Si Zacatecas fuera un lugar seguro, las madres estarían en sus casas con sus familias, no bajo el sol, cavando con las uñas mientras el Estado las vigila para reprimirlas. La historia juzgará a Morena no solo por los que faltan, sino por el sadismo institucional con el que ha tratado a quienes se niegan a olvidar en medio de un gobierno que se alimenta del silencio y la impunidad.
