Déjà vu sanitario: Morena minimiza el sarampión en la CDMX y rechaza el uso de cubrebocas

La historia parece repetirse con la misma negligencia: frente a una ola de contagios de sarampión que ya golpea a la Ciudad de México, la Secretaría de Salud local ha decidido dar la espalda a la prevención básica. Nadine Gasman, titular de la dependencia, aseguró que “no es necesario” el uso de cubrebocas, una declaración que ha encendido las alarmas entre la ciudadanía que aún recuerda el costo de minimizar las crisis sanitarias en la capital.

La Ciudad de México se encuentra nuevamente en medio de una tormenta sanitaria y, una vez más, la respuesta oficial es la opacidad y la relajación de medidas. Mientras el número de casos de sarampión comienza a saturar los registros, la administración de Clara Brugada ha mantenido bajo llave los datos sobre qué alcaldías presentan la mayor incidencia, ocultando información vital que permitiría a la población tomar precauciones específicas. En este contexto de cerrazón informativa, la doctora Nadine Gasman salió a medios para desestimar el uso del cubrebocas como barrera de protección, dejando a los capitalinos vulnerables ante una enfermedad altamente contagiosa que se transmite precisamente por vía aérea.

El argumento de la Secretaría de Salud para rechazar el cubrebocas resulta, cuando menos, cuestionable y carente de sustento científico sólido frente a un brote activo. Según Gasman, no es necesario implementar esta medida preventiva porque las autoridades ya realizaron un supuesto “chequeo” en las escuelas a niñas y niños. Esta lógica ignora que el sarampión tiene un periodo de incubación en el que el portador puede ser asintomático y seguir contagiando, y que una revisión superficial en planteles escolares no sustituye el uso de barreras físicas en espacios públicos y transportes masivos como el Metro, donde el riesgo de propagación es máximo.

La falta de sensibilidad de la actual administración ha puesto de nervios a la ciudadanía, que percibe una peligrosa continuidad en la política de “minimizar para no alarmar” que tanto daño causó en años anteriores. Al negar la utilidad de herramientas preventivas básicas y ocultar las cifras por alcaldía, el gobierno de Brugada parece más preocupado por evitar el costo político de una crisis de salud que por frenar la cadena de contagios. Para los padres de familia, la declaración de Nadine Gasman no es un alivio, sino una señal de irresponsabilidad que deja la salud de los menores al azar de un sistema que prefiere las estadísticas alegres a la prevención real.

Este nuevo episodio de negligencia sanitaria confirma que en la CDMX de Morena, la ideología política se impone sobre los protocolos médicos de urgencia. Mientras otros países refuerzan sus cercos ante brotes de sarampión, en la capital del país se opta por el descarte de medidas básicas, dejando a los ciudadanos en la indefensión. La soberbia de creer que un chequeo escolar basta para detener un virus es, en el mejor de los casos, ingenuidad, y en el peor, una apuesta criminal con la salud de millones de capitalinos que hoy exigen transparencia y medidas serias antes de que el brote se convierta en una emergencia incontenible.