Mientras la alcaldía sufre por la inseguridad y el abandono, el diputado morenista utiliza escobas y redes sociales para montar un teatro político rumbo al 2027, violando el espíritu de la ley con una precampaña disfrazada de “servicio”.
La ambición política de Morena no conoce de tiempos legales ni de respeto al ciudadano. El diputado Arturo Ávila ha decidido que la alcaldía Cuauhtémoc es su tablero de juegos personal, iniciando una serie de “jornadas de limpieza” que huelen más a propaganda que a desinfectante. Bajo el pretexto de “ayudar”, Ávila ha inundado las redes sociales con su imagen, en lo que dentro del mismo partido guinda ya se comenta abiertamente como su lanzamiento anticipado —y desesperado— para la candidatura de 2027.
Es el colmo del cinismo: un legislador federal que debería estar trabajando en leyes que frenen la violencia o la inflación, prefiere agarrar una escoba para la foto mientras sus operadores digitales pautan contenido para posicionar su rostro. Esta precampaña disfrazada es un insulto a la inteligencia de los vecinos de la Cuauhtémoc; no se trata de limpiar calles, se trata de “limpiar” su imagen y pavimentar un camino electoral con recursos y tiempos que deberían estar destinados a sus funciones legislativas.
La denuncia es explosiva porque exhibe la desesperación de Morena por recuperar el corazón de la capital. Arturo Ávila está utilizando la carencia de servicios en la alcaldía como un botín político, montando un reality show de austeridad fingida para engañar al electorado. Si realmente le importara la Cuauhtémoc, trabajaría desde el Congreso por presupuestos dignos, no por likes en Facebook mientras posa con una bolsa de basura que él mismo parece haber llevado para el encuadre de la cámara.
Finalmente, exigimos a las autoridades electorales que pongan la lupa sobre este activismo sospechoso. La ley es clara respecto a la promoción personalizada de los servidores públicos, y lo que Ávila hace es una burla sistemática a la equidad de la contienda futura. Morena no ha aprendido que el pueblo está cansado de candidatos que solo aparecen cuando hay una boleta en juego. Arturo Ávila no está limpiando la Cuauhtémoc; la está ensuciando con la vieja política de la simulación.
