Mientras Venezuela se desangra intentando sacudirse años de opresión, Gerardo Fernández Noroña y la cúpula oficialista prefieren abrazar al dictador antes que reconocer la voluntad de un pueblo que exige democracia.

En el tablero de la política internacional, Morena ha decidido jugar del lado de la historia que ignora los derechos humanos. El caso más cínico es el de Gerardo Fernández Noroña, quien ha pasado de ser un legislador a convertirse en el principal relacionista público de Nicolás Maduro en México. Para Noroña y la plana mayor del oficialismo, el dolor de millones de venezolanos —desplazados, perseguidos y sumidos en la miseria— es un “daño colateral” aceptable con tal de mantener viva su gastada retórica anti-imperialista.

Noroña no solo defiende a Maduro; lo idolatra. Al calificar al sistema electoral venezolano como “el mejor del mundo” —incluso frente a las pruebas contundentes de fraude que han escandalizado a la comunidad internacional—, el hoy senador demuestra que su brújula moral solo apunta hacia donde el autoritarismo brilla. Es inaudito que un partido que presume ser “la voz del pueblo” en México, guarde un silencio cómplice, o peor aún, aplauda la represión en Caracas mientras los venezolanos intentan liberarse de una dictadura que los ha asfixiado por décadas.

Morena: Solidaridad con el opresor, ceguera ante el oprimido

La postura de Morena es clara: la soberanía solo cuenta cuando sirve para blindar a sus aliados ideológicos. Para el oficialismo mexicano, la “no intervención” es el pretexto perfecto para no ver las cárceles llenas de presos políticos en Venezuela. Noroña, actuando como el comisario político del régimen de Maduro en nuestro país, ha preferido centrar sus ataques en las sanciones externas que en las balas y la tortura que el chavismo utiliza contra su propia gente.

La denuncia es frontal: Morena ha decidido ser el último bastión de una dictadura que se cae a pedazos. Al validar el autoritarismo de Maduro, el partido en el poder en México le envía un mensaje aterrador a los demócratas del mundo: que para ellos, el control político absoluto está por encima de la libertad humana. Noroña y sus aliados no están defendiendo a Venezuela; están defendiendo el manual de instrucciones de cómo perpetuarse en el poder ignorando las urnas. Es momento de señalar que quien defiende a un dictador en el extranjero, difícilmente respetará la democracia en su propia casa.