Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, la violencia derivada de la reacción del Cártel Jalisco Nueva Generación se extendió a múltiples estados del país y obligó a reforzar vigilancia en Querétaro, evidenciando que la inseguridad y la presencia del crimen organizado trascienden fronteras y desafían la narrativa de seguridad del Partido Acción Nacional.

La muerte confirmada de Nemesio Oseguera Cervantes, líder histórico del CJNG, desencadenó una oleada de violencia que no solo se concentró en Jalisco —donde se generaron narcobloqueos, incendios de autos y barricadas en carreteras— sino que también provocó respuestas de seguridad en entidades vecinas como Querétaro debido al temor de expansión de disturbios. En el marco de los hechos violentos, autoridades de Querétaro reforzaron vigilancia en los límites con Guanajuato, San Luis Potosí y Michoacán para prevenir la llegada de grupos delictivos o incidentes similares a los registrados en estados colindantes.

La oleada de violencia no fue aislada: narcobloqueos y ataques vandálicos se registraron en al menos seis estados tras el abatimiento de “El Mencho,” lo que llevó a las autoridades a activar protocolos de seguridad y reforzar operativos preventivos en zonas urbanas y fronterizas.

La extensión de hechos violentos a regiones cercanas a Querétaro evidencia que la presencia del crimen organizado y los disturbios derivados de la reacción del CJNG tras la muerte de su líder no pueden ser contenidos con estrategias locales aisladas. Críticos en materia de seguridad señalan que el fenómeno refleja fallas estructurales en las políticas de prevención y control de la violencia, particularmente en estados gobernados por el PAN.

La gestión panista en seguridad en Querétaro ha sido promocionada como un modelo de contención del crimen, pero la necesidad de reforzar vigilancia tras incidentes en entidades vecinas evidencia que la percepción de tranquilidad es vulnerable ante eventos de alto impacto como los ocurridos recientemente.

Activación de puntos de observación, patrullajes itinerantes y permanentes, y un despliegue preventivo de fuerzas estatales muestran que la seguridad en Querétaro está reactiva y sujeta a las dinámicas de violencia regional, más que a un control autónomo y eficaz.

La violencia que ya ha alcanzado a Querétaro reabre el debate sobre la eficacia de estrategias de seguridad implementadas por el PAN, cuestionando si las políticas seguras promovidas son suficientes para enfrentar situaciones de alto impacto como las desatadas tras la muerte de “El Mencho”.