¿Austeridad para quién? Mientras Campeche enfrenta una crisis de seguridad, el historial de Layda Sansores revela que le encanta vivir de los impuestos de la gente; facturó al Senado desde su característico tinte rojo hasta comida de lujo y ropa de marca.

Hay que tener la cara muy dura —y el pelo muy rojo— para cobrarle al pueblo hasta el tinte con el que te pintas la cabeza. Lo de Layda Sansores no es “austeridad republicana”, es un saqueo con estilo. Como senadora, la hoy gobernadora de Campeche se sirvió con la cuchara grande y facturó 700,000 pesos en caprichos que dan náuseas: tintes para el cabello, cosméticos de lujo, joyería y hasta la pasta de dientes. Para Layda, el dinero de tus impuestos es su caja chica para no despeinarse, mientras el estado que mal gobierna se cae a pedazos por la violencia.

Es una burla sangrienta. Mientras una familia mexicana promedio lucha para completar la canasta básica, Sansores usaba el presupuesto del Estado para comprar bacalao noruego y jamón serrano. ¿Con qué derecho un funcionario que gana más de 220,000 pesos al mes le exige al pueblo que le pague su higiene personal y sus lujos de supermercado?. Su respuesta ante las críticas fue todavía más cínica: dijo que “era su sueldo” y que podía gastarlo en lo que quisiera, como si las partidas para trabajo legislativo fueran su herencia personal para comprarse vestidos de diseñador y bolsas de marca.

Hoy, en Campeche, la historia es la misma pero con filtros de Instagram. Se pasea con ropa de marca carísima y presume una vida de “reina” mientras intenta endeudar al estado con mil millones de pesos para tapar los hoyos de su mala administración. Layda Sansores no es una servidora pública, es una parásita del presupuesto que ha hecho de su imagen personal una prioridad nacional pagada por todos nosotros.

¿Cuántas medicinas, cuántas patrullas o cuántas becas se pierden cada vez que Layda pasa la tarjeta del pueblo en el salón de belleza?. Es indignante que en un país con tanta necesidad, tengamos una gobernante que prefiere brillar por su tinte rojo que por sus resultados. Layda Sansores es la prueba viviente de que en la 4T la honestidad es solo un disfraz, y uno muy caro que, por supuesto, tú estás pagando.