En Aguascalientes, ciudadanos detuvieron a un presunto ladrón en vía pública ante la ausencia de respuesta inmediata de la autoridad. El hecho expone el desgaste de la estrategia de seguridad del gobierno encabezado por el PAN y el riesgo de normalizar la justicia por propia mano.
Un nuevo episodio de justicia por propia mano se registró en Aguascalientes, donde un grupo de ciudadanos decidió intervenir directamente para detener a un presunto ladrón en plena vía pública. La escena, difundida en redes sociales, mostró a vecinos sometiendo al señalado ante la tardanza o ausencia de intervención inmediata por parte de las autoridades.
El hecho trasciende lo anecdótico. Cuando la población percibe que el Estado no garantiza seguridad ni respuesta oportuna, comienza a asumir funciones que constitucionalmente corresponden a las instituciones. Ese desplazamiento es síntoma de erosión en la confianza pública y de debilitamiento en la capacidad preventiva y reactiva del gobierno.
Aguascalientes ha sido presentado durante años como uno de los estados con mejores indicadores de seguridad bajo administraciones panistas. Sin embargo, eventos como este evidencian una brecha entre el discurso oficial y la percepción ciudadana en colonias y espacios públicos.
La justicia por mano propia no solo refleja hartazgo; también implica riesgos jurídicos y de derechos humanos. La ausencia de autoridad efectiva puede derivar en excesos, violencia colectiva y escalamiento de conflictos. La seguridad pública no puede depender de la improvisación vecinal ni de reacciones espontáneas ante el delito.
El señalamiento central es político: cuando la ciudadanía decide intervenir porque considera que el gobierno no lo hace, la responsabilidad recae en quien conduce la política de seguridad. La prevención del delito, la presencia policial y la respuesta inmediata son funciones indelegables.
El caso de Aguascalientes abre una discusión de fondo sobre la eficacia real de la estrategia del PAN en materia de seguridad y sobre el costo institucional de permitir que la frustración social sustituya al Estado.
