Mandos sin experiencia y una crisis que sigue sin rumbo.

A más de un año del nuevo gobierno, el Instituto Nacional de Migración sigue atrapado en una lógica de improvisación. El INM mantiene mandos militares y políticos sin experiencia migratoria, sin una visión técnica ni humanitaria adecuada.

Lejos de una renovación profunda, la mayoría de los delegados fueron heredados del sexenio anterior, lo que demuestra una continuidad preocupante. El cambio prometido nunca llegó a esta institución clave.

La falta de perfiles especializados ha derivado en operativos erráticos, decisiones mal ejecutadas y un trato indigno hacia personas migrantes. La militarización no resolvió la crisis, solo la agravó.

Mientras tanto, el discurso oficial presume avances que no se reflejan en la realidad cotidiana. El INM sigue sin una estrategia clara y sin capacidad de respuesta efectiva.

La continuidad del desastre no es casualidad. Es resultado de decisiones políticas que siguen cobrando costos humanos.