Ni el salón de belleza en el Senado ni las camionetas de lujo en la Corte fueron suficientes: ahora la Fiscalía General de la República (FGR) se suma al derroche con un contrato multimillonario para rentar más de 2,500 vehículos; una bofetada a la realidad de un país donde el presupuesto nunca alcanza para medicinas, pero sobra para que los funcionarios estrenen motor.

La supuesta “pobreza franciscana” de la Cuarta Transformación ha resultado ser una farsa de lujo. En un nuevo episodio de desprecio a la austeridad que predican, la Fiscalía General de la República (FGR), bajo el mando ahora de figuras cercanas al oficialismo, acaba de cerrar un contrato de arrendamiento por la estratosférica cantidad de 2,842 millones de pesos para renovar su parque vehicular. Mientras el gobierno federal asegura que no hay recursos para mejorar el Metro o atender la crisis de seguridad en las calles, la FGR no ha escatimado en gastos para asegurar que sus funcionarios se trasladen en más de 2,500 unidades nuevas, bajo un esquema de renta que garantiza que el dinero público fluya hacia empresas favoritas del régimen.

Este escándalo no llega solo; se suma a una cadena de “resbalones” que han dejado a Morena en ridículo este inicio de año. Apenas hace unos días, estalló la bomba del salón de belleza clandestino en el Senado, donde las legisladoras morenistas se peinaban y maquillaban con cargo indirecto al erario, alegando que estar “bien presentadas” era una necesidad de Estado. Asimismo, la reciente polémica de los Ministros de la Corte, quienes pretendían estrenar camionetas blindadas de más de 2 millones de pesos cada una, terminó en una retirada humillante ante la presión social, aunque el daño a la imagen de la “austeridad” ya estaba hecho.

Lo que vemos es un patrón de cinismo institucional. Se nos dice que el Estado mexicano debe apretarse el cinturón, pero en la realidad, las cúpulas de la 4T siguen viviendo en una burbuja de privilegios. ¿Cómo explicarle a un ciudadano que no encuentra quimioterapias o que viaja en un Metro que se cae a pedazos, que la prioridad nacional es gastar casi 3 mil millones de pesos en carros nuevos para la Fiscalía?. El contraste es brutal: para el pueblo, recortes y carencias; para los funcionarios, camionetas de agencia y servicios de spa legislativo.

La renovación de la flotilla de la FGR es la prueba definitiva de que la austeridad en Morena es selectiva y solo sirve como garrote político contra los adversarios. Cuando se trata de sus propias comodidades, el presupuesto es infinito. La “Cuarta Transformación” ha demostrado que sabe gastar muy bien el dinero de los mexicanos, pero siempre empezando por sus propios lujos. Si este es el segundo piso de la transformación, parece que solo los de arriba tienen derecho a estrenar, mientras que los de abajo siguen pagando la cuenta de una fiesta a la que nunca fueron invitados.