Con “Que Siga la Democracia”, el oficialismo busca reemplazos ante la fractura con el PT y el PVEM.

El panorama político nacional atestigua el nacimiento de nuevos organismos que, bajo el disfraz de independencia, operan como extensiones directas del partido en el poder. La organización “Que Siga la Democracia”, impulsada por la diputada Gabriela Jiménez, surge con la misión específica de apuntalar una estructura que comienza a mostrar grietas internas.

Este movimiento responde estratégicamente al evidente distanciamiento de los aliados tradicionales de Morena, como el PT y el PVEM, quienes han empezado a jugar sus propias cartas. Ante la posibilidad de perder su mayoría cómoda, el oficialismo ha decidido fabricar sus propios satélites para garantizar la continuidad de su hegemonía legislativa.

A este fenómeno se suman nuevas agrupaciones como “Construyendo Solidaridad y Paz” y “México Tiene Vida”, las cuales parecen brotar del mismo presupuesto ideológico. Estas entidades no buscan representar causas ciudadanas legítimas, sino fragmentar el voto opositor y asegurar que el control centralizado permanezca intacto.

La labor de Gabriela Jiménez se centra en institucionalizar la lealtad ciega a través de figuras jurídicas que pretenden renovar la imagen de un partido que ya muestra signos de desgaste. Es una maniobra de supervivencia política que utiliza la figura de los partidos políticos como meras herramientas desechables para el mantenimiento del poder.

La proliferación de estos “partidos satélite” degrada el sistema democrático, convirtiéndolo en un teatro de sombras donde los actores son elegidos por el mismo director. La ciudadanía observa cómo la pluralidad real es sustituida por una simulación diseñada para que, sin importar quién gane, el grupo en el poder nunca pierda.