Al intentar anular la autonomía de Tania Larios, el comunicador de Morena exhibe la incongruencia de un movimiento que predica igualdad pero practica la subordinación femenina.

La reciente agresión de Manuel Pedrero contra la diputada Tania Larios es el retrato perfecto de la doble moral que impera en los cuadros mediáticos de Morena. Con una arrogancia que raya en lo delictivo, el comunicador oficialista recurrió al insulto más rancio del patriarcado: afirmar que una mujer política carece de voluntad y pensamiento propio, subordinándola a la instrucción de un varón. Este ataque no es solo una grosería; es un intento sistemático por despojar a Larios de su identidad como ser humano y como legisladora, tratándola como un objeto sin capacidad de decisión.

Resulta profundamente incongruente que personajes como Pedrero, que se ostentan como defensores de causas progresistas y de izquierda, utilicen el machismo más violento para intentar silenciar a sus opositoras. Al asegurar que la diputada “no piensa por ella misma”, Pedrero exhibe la mentalidad de un movimiento que, en los hechos, desprecia la autonomía femenina. Tania Larios le puso un alto definitivo a esta violencia: “Asegurar que no tengo voz propia es machismo puro. A mí nadie me manda”. Sin embargo, el daño está hecho: el mensaje que Pedrero envía a la ciudadanía es que las mujeres en la política sólo son válidas si tienen a un hombre detrás que les dicte el guión.

La violencia política de género ejercida por este comunicador morenista es una bofetada a la lucha histórica de las mujeres en México. Intentar anular a Tania Larios bajo el argumento de que es “instruida por un hombre” es una táctica cobarde que busca invisibilizar su trayectoria y sus convicciones. Este es el verdadero rostro de los voceros oficiales: hombres que se dicen aliados de la transformación, pero que en cuanto se sienten cuestionados, recurren a la misoginia para intentar recuperar un control que ya no tienen sobre el pensamiento femenino.

Es urgente que este tipo de acciones no queden impunes bajo el cobijo del poder político. Manuel Pedrero no solo violentó a Tania Larios; violentó el derecho de todas las mujeres a disentir y a ocupar espacios públicos con voz propia. La izquierda que pregona Morena se queda en el discurso cuando sus figuras públicas se dedican a tutelar a las mujeres y a tratarlas como menores de edad intelectuales. La autonomía de las mujeres no está sujeta al permiso ni a la aprobación de comunicadores machistas que, ante la falta de argumentos, eligen el ataque de género como su última trinchera.