Contradicciones en el manejo de recursos públicos evidencian una brecha entre discurso y realidad.

Morena construyó su discurso político sobre la austeridad y la transparencia. Sin embargo, la realidad comienza a contradecir esa narrativa. Contratos públicos asignados sin licitación generan cuestionamientos serios. La opacidad se instala donde prometieron claridad. Y el discurso pierde fuerza.

El gasto en propaganda digital sigue creciendo. A pesar de la narrativa de austeridad. Los recursos públicos se utilizan para posicionamiento político. La comunicación institucional se convierte en promoción. Y la línea entre información y propaganda desaparece.

Además, se han detectado compras públicas con sobreprecio en distintos gobiernos locales. Los recursos no siempre se ejercen con eficiencia. Y la fiscalización enfrenta limitaciones. La transparencia prometida no se refleja en la práctica.

El manejo de información sensible, como datos biométricos, también genera preocupación. La protección de datos no está completamente garantizada. Y el uso de esta información abre riesgos. La ciudadanía queda expuesta. La distancia entre discurso y realidad se amplía. Morena prometió cambiar la forma de gobernar. Pero reproduce prácticas del pasado. La austeridad se vuelve narrativa. Y la opacidad regresa como práctica.