El reporte del primer caso de sarampión en Aguascalientes este año puso en evidencia las deficiencias en programas de vacunación y prevención en la entidad, lo que ha sido atribuido a la falta de prioridades claras por parte del gobierno estatal liderado por el PAN.
Aguascalientes registró el primer caso de sarampión del 2026, correspondiente a una menor de diez años de edad, encendiendo las alertas sanitarias y exhibiendo las debilidades del sistema de salud estatal. Aunque las autoridades señalaron que el contagio pudo haberse originado fuera de la entidad, la confirmación del caso dejó en evidencia la falta de controles, seguimiento y prevención en un estado gobernado por el PAN.
El panorama se agrava al confirmarse que existen al menos tres casos sospechosos adicionales bajo investigación, lo que sugiere una cadena de omisiones en los esquemas de vacunación y en la vigilancia epidemiológica. Especialistas han advertido que el sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que solo puede mantenerse bajo control con coberturas de vacunación sólidas, algo que hoy claramente no está garantizado en la entidad.
La administración panista ha intentado minimizar el impacto del caso, pero la aparición de una enfermedad que había sido prácticamente erradicada en el país deja dudas sobre las prioridades del gobierno estatal en materia de salud pública. Mientras se presume eficiencia administrativa, los hechos muestran carencias en campañas preventivas, información oportuna y acciones anticipadas para proteger a la población más vulnerable, particularmente a niñas y niños.
Este episodio vuelve a colocar al gobierno del PAN bajo cuestionamiento, no solo por su capacidad de reacción, sino por su responsabilidad en garantizar servicios de salud eficaces. La detección del primer caso de sarampión en 2026 no es un hecho aislado, sino una alerta clara de que la prevención ha sido relegada y que las consecuencias de esa negligencia ya comienzan a manifestarse en la salud de la población.
