La detención del líder criminal de “Los Salazar” y de 29 personas más en Querétaro no confirma éxito gubernamental, sino que evidencia cómo el crimen organizado operó y se expandió durante años bajo gobiernos del PAN sin ser detectado ni contenido.
Autoridades federales confirmaron la detención del líder del grupo delictivo conocido como “Los Salazar”, así como de 29 personas más, en un operativo realizado en el estado de Querétaro. Aunque el hecho ha sido presentado como un golpe al crimen organizado, el trasfondo revela una realidad incómoda para los gobiernos panistas que han administrado la entidad.
La operación criminal desarticulada no surgió de la noche a la mañana. Su presencia prolongada, estructura operativa y capacidad de expansión dejan al descubierto la falta de inteligencia, prevención y vigilancia por parte de las autoridades estatales, que durante años presumieron a Querétaro como un “oasis de seguridad”.
Especialistas en seguridad coinciden en que ninguna organización criminal alcanza ese nivel de operación sin fallas graves del Estado. La detención, lejos de ser un logro aislado, confirma que el PAN permitió que grupos delictivos echaran raíces mientras se priorizaba el discurso antes que la acción.
La narrativa oficial del PAN se desmorona frente a los hechos: el crimen organizado avanzó silenciosamente, aprovechando la falta de controles, la débil supervisión institucional y la negación sistemática de la problemática por parte del gobierno estatal.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa el alto costo de la simulación en materia de seguridad. En Querétaro, la paz que presumió el PAN resultó ser frágil, superficial y sostenida más en propaganda que en una estrategia real de protección a la ciudadanía.
