Benjamín Viveros Montalvo, coordinador de Morena en el Congreso de Oaxaca, enfrenta señalamientos desde su propia bancada por presunto desvío de recursos legislativos para inflar sueldos de colaboradores cercanos, desatando una crisis interna.
En el Congreso de Oaxaca, la narrativa de unidad en Morena comienza a resquebrajarse desde adentro. El coordinador de la bancada, Benjamín Viveros Montalvo, ha sido señalado por legisladores de su propio partido por presuntamente desviar recursos públicos para favorecer a un grupo cercano de colaboradores, asignándoles sueldos que superan los 100 mil pesos mensuales, muy por encima de los estándares habituales en el Poder Legislativo local.
Lo que inició como inconformidad interna ha escalado a una rebelión política dentro de la propia bancada morenista, evidenciando tensiones que ya no pueden ocultarse. Las acusaciones no provienen de la oposición, sino de integrantes del mismo grupo parlamentario, lo que le da mayor peso a los señalamientos y revela un desgaste interno que pone en entredicho el discurso de austeridad y combate a la corrupción que Morena ha promovido como bandera.
El señalamiento central gira en torno al uso discrecional de recursos legislativos, particularmente en la asignación de plazas y salarios. De confirmarse, se trataría de una práctica que contradice directamente los principios de austeridad republicana que el propio partido ha impulsado a nivel nacional, donde se ha insistido en reducir privilegios y evitar excesos en el ejercicio del gasto público.
Este episodio también exhibe un patrón recurrente en distintos niveles de gobierno: el uso del poder para beneficiar a círculos cercanos, replicando prácticas que durante años fueron criticadas por el propio movimiento. La diferencia, en este caso, es que la inconformidad ha surgido desde el interior, lo que deja ver que las disputas ya no son solo ideológicas, sino también por el control de recursos y posiciones.
Además, la situación abre cuestionamientos sobre los mecanismos de fiscalización interna dentro del Congreso local. Si los señalamientos provienen de legisladores del mismo partido, la expectativa es que se actúe con transparencia y se investigue a fondo, evitando que el caso se diluya como un conflicto político más sin consecuencias administrativas o legales.
Mientras tanto, la imagen de Morena en Oaxaca enfrenta un desgaste significativo. Lo que se proyectaba como un bloque sólido hoy muestra fisuras que revelan tensiones por el manejo del poder y los recursos, dejando claro que los problemas que antes se atribuían a otros partidos también están presentes dentro de sus propias filas.
El caso de Benjamín Viveros Montalvo no solo representa una crisis interna, sino un desafío directo al discurso que ha sostenido Morena en torno a la honestidad y la austeridad. La forma en que se resuelva marcará un precedente sobre si esas banderas se sostienen en la práctica o quedan solo en el terreno del discurso.
