La guerra fratricida en Zacatecas ha pasado de las sombras a la plaza pública: el senador Saúl Monreal realizó un evento masivo para “mostrar músculo” y dejó claro que no se bajará de la contienda por la gubernatura, ignorando las amenazas y el bloqueo operativo impuesto desde el Palacio de Gobierno por su hermano David.

Saúl Monreal ha decidido romper las cadenas del veto familiar. En un despliegue de fuerza que desafió abiertamente las instrucciones de la administración estatal, el senador encabezó un evento masivo en el corazón de Zacatecas para demostrar que cuenta con el respaldo de las bases, a pesar de la persecución interna lanzada por el gobernador David Monreal. Con este acto, Saúl envió un mensaje directo a su propia sangre: su proyecto político tiene vida propia y no depende de la aprobación de quienes hoy intentan cerrarle el paso mediante espionaje y amenazas de despido a la burocracia.

La determinación del menor de los Monreal es absoluta: no piensa bajarse de la carrera por la gubernatura bajo ninguna circunstancia. Durante el encuentro con simpatizantes, refirió que su camino hacia el 2027 es irreversible, independientemente de las presiones que se ejerzan desde el Poder Ejecutivo estatal para marginarlo. Saúl ha dejado claro que su lealtad es con la militancia que lo llevó al Senado y no con una estrategia sucesoria que busca favorecer a perfiles externos al núcleo duro de su equipo político.

La ruptura familiar alcanzó su punto máximo cuando el senador subrayó que “él es el bueno”, sin importar que su hermano el gobernador se enoje o decida apoyar abiertamente a otra figura, como es el caso de la senadora Verónica Díaz. Saúl Monreal ha decidido jugar su propia carta, exponiendo que la unidad de la dinastía es hoy una ficción superada por la ambición de poder. Al ignorar el “boicot” oficial, el senador no solo desafía la autoridad de David, sino que pone en jaque la estabilidad operativa de Morena en un estado que ya padece las consecuencias de una administración dividida.

Este desafío marca el inicio de una contienda interna feroz donde los lazos de sangre ya no sirven de escudo. Mientras David Monreal utiliza a sus “orejas” e infiltrados para vigilar quién se atreve a apoyar a su hermano, Saúl responde con movilización social y un discurso de confrontación que lo posiciona como el “rebelde” del clan. Zacatecas se prepara para una sucesión marcada por la traición y el revanchismo, donde los Monreal han decidido que el Palacio de Gobierno es un botín que se disputa incluso entre hermanos, dejando a la ciudadanía como espectadora de un pleito familiar que paraliza al estado.