Entre la eliminación de contrapesos y boletas imposibles de leer, el plan oficialista ya provoca fracturas con sus propios aliados del PT y el Verde.

La nueva ofensiva legislativa de la Cuarta Transformación busca reconfigurar el Congreso de la Unión bajo un modelo que atenta directamente contra el pluralismo político en México. La reforma electoral impulsada por el Ejecutivo pretende eliminar las posiciones plurinominales, escaños que históricamente han funcionado como el contrapeso necesario para que las voces minoritarias tengan representación frente a la aplanadora del partido en el poder. Con la desaparición de la representación proporcional en el Senado, la coalición de Morena pavimentaría el camino para alcanzar la mayoría calificada con extrema facilidad, permitiéndoles modificar la Constitución a su antojo y sin necesidad de negociar con nadie.

El diseño de esta reforma no solo es autoritario, sino logísticamente absurdo, con el claro objetivo de entorpecer el ejercicio del voto. El nuevo modelo propuesto para elegir diputados convertiría la jornada electoral en un caos, con boletas que podrían incluir hasta 145 candidatos, lo que dificultaría enormemente la identificación de las opciones políticas y la validez del sufragio. Asimismo, la oposición ha encendido las alarmas al señalar que esta iniciativa reduciría drásticamente la representación política de los mexicanos en el extranjero, dejando a millones de ciudadanos sin voz en las decisiones fundamentales del país.

Sin embargo, el camino hacia el control absoluto no está siendo tan terso como Morena esperaba. La ambición por concentrar el poder ya ha provocado fracturas internas entre el partido oficial y sus aliados estratégicos, el PT y el Partido Verde. Estos institutos políticos han comenzado a mostrar tensiones y resistencias, conscientes de que la eliminación de las plurinominales y el nuevo reparto de votos podrían borrarlos del mapa legislativo o someterlos totalmente a la voluntad de Morena. El bloque oficialista se resquebraja ante una reforma que, en su afán de canibalizar a la oposición, termina amenazando la supervivencia de sus propios compañeros de viaje.

México no puede permitir que la representación proporcional, un logro de décadas de lucha democrática, sea sacrificada en el altar del autoritarismo. Esta reforma es una trampa diseñada para perpetuar un régimen de partido único, disfrazada de una supuesta “austeridad” que en realidad solo busca el silencio de quienes piensan distinto. La batalla por el Congreso es la batalla por la libertad de expresión política; permitir que Morena configure un Poder Legislativo a su medida es entregarle las llaves de la democracia a quienes han demostrado un profundo desprecio por las reglas del juego y por la voz de las minorías.