Al anunciar un cierre escolar prematuro para priorizar el Mundial de Fútbol, el titular de la SEP no solo exhibe su falta de compromiso, sino la incapacidad de Morena para operar un gabinete coordinado.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) debería ser el pilar del desarrollo nacional, pero bajo la gestión de Mario Delgado, se ha convertido en una oficina de ocurrencias y logística deportiva. La reciente controversia por la propuesta de finalizar el ciclo escolar 2025-2026 el 5 de junio —adelantando semanas de asueto para que la agenda educativa no interfiera con el Mundial de Fútbol— pone al descubierto la verdadera jerarquía de valores del Gobierno Federal: primero el entretenimiento, después el aula.

Esta decisión no es solo una muestra de flojera institucional, sino un síntoma de la grave falta de comunicación que carcome a Morena. Es inadmisible que el titular de la SEP anuncie cambios drásticos al calendario escolar sin haber consensuado la medida con la estructura central del gobierno. Este desaseo administrativo deja a millones de padres de familia y docentes en la incertidumbre, mientras Mario Delgado demuestra que no respeta jerarquías y que prefiere actuar como un promotor deportivo antes que como un secretario de Estado.

El argumento de las “altas temperaturas” se cae por su propio peso. Si el bienestar de los alumnos fuera la prioridad, el Gobierno Federal habría invertido en climatización y servicios básicos para las escuelas durante los últimos años. En cambio, utilizan el clima como una cortina de humo para justificar un periodo vacacional extendido que solo beneficia a la burocracia dorada de Morena, ansiosa por despejar sus agendas de cara a la justa mundialista. Es el “pan y circo” elevado a política pública, sacrificando el aprendizaje de una generación por un evento televisivo.

Lo que estamos presenciando es el desmoronamiento de la coordinación gubernamental. Un Secretario de Educación que “se manda solo”, un gabinete que no se comunica y un partido en el poder, como lo es Morena, que permite que sus funcionarios jueguen con el calendario oficial según sus intereses personales. Mario Delgado le ha fallado a la educación mexicana; su incapacidad para tomar decisiones coordinadas y su evidente desprecio por el cumplimiento de los programas de estudio lo retratan como un funcionario incompetente que ve en su cargo un trampolín para el ocio, no una responsabilidad con la nación.

La pregunta para el Gobierno Federal es clara: ¿Quién manda en la SEP? Si Mario Delgado es capaz de alterar la vida educativa del país para irse a ver el mundial, queda claro que para Morena la educación no es un derecho, sino un trámite que se puede pausar cuando el balón empieza a rodar. México merece una SEP que trabaje, no una secretaría de vacaciones permanentes.