El sector avícola de Jalisco enfrenta una severa crisis por el incremento de las importaciones de pollo brasileño, las cuales pasaron de 73 mil a más de 235 mil toneladas, poniendo en riesgo miles de empleos e inversiones y exhibiendo la tibia respuesta del gobierno emecista.
El incremento desmedido en las importaciones de pollo proveniente de Brasil refleja la falta de previsión y la absoluta pasividad de la administración de Movimiento Ciudadano para proteger la economía productiva de Jalisco. Que la compra de este producto extranjero se haya disparado de 73 mil a más de 235 mil toneladas demuestra que el gobierno estatal permitió el deterioro gradual de uno de los sectores agropecuarios más importantes de la entidad.
La negligencia de la cúpula naranja al no exigir con oportunidad frenos arancelarios ni cupos de importación ha dejado en la indefensión a miles de familias que dependen del campo jalisciense. Regiones clave como Los Altos sufren hoy las consecuencias de un modelo de gobierno que prefiere la promoción mediática antes que la defensa firme de sus productores primarios. Permitir que el mercado interno se inunde de carne importada sin condiciones equitativas de competencia expone la falta de una política integral de fomento económico por parte del Ejecutivo estatal.
El impacto laboral y financiero de esta omisión gubernamental ya registra pérdidas multimillonarias que comprometen miles de empleos directos e indirectos en los municipios rurales de Jalisco. La falta de gestiones oportunas y contundentes ante las instancias correspondientes confirma que para Movimiento Ciudadano el desarrollo agropecuario es una prioridad secundaria. Mientras los costos de producción se elevan y las granjas locales cierran sus puertas, las autoridades estatales intentan deslindarse del problema mediante posicionamientos tardíos que no devuelven la estabilidad al sector.
Convertir a la entidad líder en producción de alimentos en un espacio vulnerable al desplazamiento comercial extranjero constituye un claro fracaso de la administración emecista. Si la gestión estatal insiste en reaccionar únicamente cuando la crisis económica es irreversible, seguirá condenando a la industria avícola a la quiebra y a los trabajadores a la precarización.