La contaminación y mala calidad del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara se ha profundizado durante la última década, periodo en el que Movimiento Ciudadano ha gobernado el estado y los principales municipios. La crisis refleja años de omisiones en infraestructura, mantenimiento y gestión del sistema hidráulico.

La crisis del agua que hoy enfrentan miles de familias en Guadalajara no apareció de un día para otro. La mala calidad del servicio, el agua turbia y contaminada, así como las constantes quejas ciudadanas, son el resultado de años de abandono en un sistema que, durante la última década, ha estado bajo la responsabilidad de gobiernos de Movimiento Ciudadano.

Lejos de atender el problema de fondo, las administraciones emecistas permitieron que la infraestructura hidráulica siguiera deteriorándose. Mientras las tuberías envejecían, las plantas requerían modernización y el SIAPA acumulaba deficiencias operativas, las soluciones estructurales fueron sustituidas por medidas temporales, discursos y promesas que nunca resolvieron la raíz del problema.

La evidencia es contundente: descuentos en recibos porque el agua llega en malas condiciones, colonias enteras afectadas, llamados a no consumir el líquido y una creciente desconfianza ciudadana hacia el servicio. Cuando un gobierno termina compensando económicamente a los usuarios por un servicio deficiente, en realidad está reconociendo que fue incapaz de garantizar un derecho básico.

Hoy Movimiento Ciudadano intenta repartir responsabilidades, pero la realidad es difícil de ocultar. Después de una década al frente del estado y de los principales municipios metropolitanos, la crisis del agua tiene nombre y apellido. Los jaliscienses no necesitan más explicaciones ni culpables externos; necesitan agua limpia, infraestructura funcional y un gobierno que resuelva los problemas antes de que se conviertan en una emergencia permanente.