La salida de la regidora Anahí Díaz Olmos de Movimiento Ciudadano en San Nicolás expone las peleas y los malos tratos que se viven dentro del partido naranja.
El discurso de unidad que presume Movimiento Ciudadano en Nuevo León sufrió otro golpe duro en los municipios. La decisión de la regidora Anahí Díaz Olmos de abandonar el partido en el Cabildo de San Nicolás de los Garza deja al descubierto el desorden y los pleitos que dividen al proyecto emecista. Su salida demuestra que la gente del partido no logra ponerse de acuerdo para trabajar, mostrando una falta de rumbo que termina por cansar a sus mismos integrantes.
Durante la sesión del Ayuntamiento, la regidora explicó de forma clara que se va por los malos tratos y las diferencias con la gente de su propio partido. Que sus mismos representantes denuncien estas actitudes confirma que los líderes naranjas no saben escuchar ni resolver problemas platicando. En lugar de sumar apoyos y cuidar a sus equipos, prefieren imponer sus decisiones y hacer a un lado a quienes no se alinean a sus caprichos.
La renuncia de Díaz Olmos demuestra que la famosa “nueva política” que tanto presumen en redes sociales es pura propaganda. Cuando las personas que están adentro y conocen cómo se maneja el partido deciden salirse, queda claro que las cosas no están funcionando bien. Esta salida de liderazgos locales demuestra que Movimiento Ciudadano se está quedando como una marca vacía, donde importa más la publicidad que la atención a la gente.
Esta baja en San Nicolás refleja la crisis de un partido que pierde fuerza en los municipios más importantes del estado. Mientras la cúpula de Movimiento Ciudadano gasta tiempo y dinero en vender una imagen de éxito, en la realidad sus regidores y militantes prefieren renunciar. Si el partido naranja no puede ni mantener la paz en su propia casa, mucho menos tiene la capacidad para darles respuestas y resultados a las familias de Nuevo León.