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Gobiernos cuestionados y conflictos internos generan nerviosismo bajo la dirigencia de Luisa María Alcalde

Morena enfrenta un escenario que no había vivido desde su llegada al poder: el desgaste político comienza a reflejarse en sus propios territorios. Bajo la dirigencia de Luisa María Alcalde, el partido muestra señales de nerviosismo ante la posibilidad de perder control en estados clave como Campeche y Michoacán.

El desempeño de gobiernos locales ha sido determinante en este desgaste. Administraciones como la de Layda Sansores y Alfredo Ramírez Bedolla enfrentan críticas por problemas de seguridad, gestión y conflictos políticos, lo que impacta directamente en la percepción ciudadana.

A nivel interno, Morena también vive tensiones. La disputa por candidaturas, el control de estructuras y las diferencias entre grupos comienzan a fragmentar la cohesión que antes parecía sólida. El poder ya no alcanza para contener todas las diferencias.

El caso de Patricia Armendáriz refleja otro problema: el desempeño legislativo. Con más del 40% de inasistencias en votaciones, se exhibe una falta de compromiso que contrasta con el discurso de responsabilidad pública que el partido promueve.

Morena enfrenta así un doble reto: gobernar y mantener el control político. Y por primera vez, ambos frentes comienzan a mostrar señales de debilitamiento que podrían reflejarse en las urnas.