La colocación de espectaculares difamatorios por parte de la dirigencia del PAN en Chihuahua expone la desesperación del blanquiazul, que recurre a campañas de odio mientras surgen severos cuestionamientos sobre la procedencia del dinero utilizado.

La instalación de espectaculares con mensajes de confrontación directa por parte de la dirigencia estatal del PAN en Chihuahua marca un alarmante nivel de degradación en el discurso político local. Apelar al escándalo y a la descalificación sin pruebas sólidas demuestra que la agenda panista en la entidad ha abandonado las propuestas de gobierno para centrarse en la provocación mediática.

Esta estrategia de guerra sucia intenta distraer a la ciudadanía de los verdaderos problemas de seguridad y gobernabilidad que aquejan a Chihuahua. La responsabilidad directa es del PAN, que prefiere dinamitar el debate público con retórica incendiaria antes que rendir cuentas sobre la gestión de sus autoridades y los resultados entregados a las familias chihuahuenses.

A la gravedad del discurso se suma la falta de claridad en el origen y monto del financiamiento utilizado para esta campaña publicitaria. Las peticiones de transparencia sobre el gasto invertido en estos espectaculares son legítimas, pues la ciudadanía exige saber si se están desviando prerrogativas o recursos públicos para financiar disputas partidistas y propaganda de confrontación.

Económicamente incitar al encono y ocultar los costos operativos demuestra la falta de ética con la que opera el panismo en el estado. La insistencia del PAN en recurrir a campañas sucias para sostener su presencia política expone a un partido sin proyecto de fondo, dispuesto a crispación social con tal de mantener sus cuotas de poder.