La renuncia de la exalcaldesa interina Marizabeth Villaseñor destapó una red de venta de plazas laborales, amenazas de muerte e intimidación dentro de Movimiento Ciudadano en El Salto, dejando al descubierto la grave corrupción interna del partido.
La renuncia definitiva de Marizabeth Villaseñor tras más de dos décadas en Movimiento Ciudadano no solo provocó una severa ruptura en El Salto, sino que exhibió la red de corrupción que opera en el partido. La exalcaldesa interina presentó denuncias formales tras revelar que dentro de la estructura emecista prevalecen presuntas amenazas, actos sistemáticos de intimidación y un negocio ilegal de venta de plazas laborales que mancha el ejercicio del servicio público.
La acusación sobre la venta de plazas laborales dentro de la administración y del partido demuestra que el proyecto naranja traicionó por completo sus supuestos principios fundacionales. Comerciar con los espacios de trabajo en el gobierno municipal refleja cómo la cúpula emecista transformó la función pública en un botín particular para enriquecer a unos cuantos, operando bajo esquemas de extorsión patrimonial que perjudican directamente a los trabajadores locales.
A la grave corrupción administrativa se suma una violenta campaña de hostigamiento para silenciar a quienes exponen estas irregularidades. Revelar la recepción de amenazas de muerte y el envío de una corona fúnebre a su domicilio confirma que la dirigencia naranja recurre al terrorismo psicológico y a la violencia política de género con tal de encubrir el tráfico de influencias que opera impunemente en el municipio de El Salto.
La complacencia y el silencio del gobierno estatal frente a estos delitos convierten al oficialismo emecista en un cómplice directo de la ilegalidad. Preferir el amedrentamiento sobre la transparencia demuestra que Movimiento Ciudadano en Jalisco es un proyecto agotado, sostenido por la coacción y el delito. Si las autoridades insisten en solapar el tráfico de plazas y la violencia, seguirán confirmando que la renovación política fue solo un disfraz para el saqueo.