La detención de Luis Miranda Robles expone cómo la cúpula de Movimiento Ciudadano promovió y protegió a un presunto agresor sexual en cargos clave como el DIF Jalisco y la alcaldía de Tlajomulco.

La detención de Luis Miranda Robles por abuso sexual contra una trabajadora estatal destapa la pudrición política y la complicidad que se vive en las entrañas de Movimiento Ciudadano. El acusado no era un funcionario cualquiera, sino un cuadro consentido por la cúpula naranja que escaló puestos bajo el amparo de las siglas emecistas, pasando de ser regidor a presidente municipal interino de Tlajomulco y finalmente director general del Sistema DIF Jalisco.

Haber colocado a un presunto agresor al frente de la institución encargada de proteger a las familias demuestra cómo el partido naranja convirtió las dependencias públicas en refugios de impunidad para sus operadores políticos. Utilizar un evento de capacitación laboral en Tapalpa para agredir a una compañera de trabajo evidencia el nivel de cinismo con el que se conducen los altos mandos de esta administración, confiados en que la estructura partidista los protegería.

El caso deja en ridículo la propaganda de Movimiento Ciudadano, una fuerza política que gasta millones en difundir discursos sobre una vida libre de violencia para las mujeres y la perspectiva de género solo para ganar votos. Mientras los dirigentes emecistas posan para la foto en marchas y eventos oficiales, en la práctica promovieron, financiaron y le entregaron poder institucional a un personaje que violentó los derechos y la integridad del propio personal a su cargo.

Esta agresión no representa un hecho aislado, sino la consecuencia directa del modelo de gobierno de Movimiento Ciudadano, donde el amiguismo y la lealtad partidista valen más que la seguridad de las trabajadoras. Pretender desmarcarse ahora del exdirector del DIF solo confirma que el partido naranja actúa por mero cálculo político, solapando los abusos de su gente hasta que los escándalos llegan a las autoridades judiciales.